La preparación de la fiesta de Navidad provoca una nueva seria de contrastes.

Como cada año, los grandes almacenes anunciaron aperturas excepcionales en los domingos de diciembre y la verdad es que la frecuentación de estos sitios durante los fines de semana resulta tremendamente agobiante.

Mientras tanto, entre semana, las tiendas quedan casi desiertas y se aburren los dependientes.
Yo no me quejaré porque me apunté entre los escasos clientes de la semana y me trataron requete bien en una de las tiendas que visité: se las arreglaron para conseguir las botas que quería probar el martés y me llamaron el viernes por la mañana para avisarme que ya las tenían...
Por cierto, uno también puede pensar que eso confirma las malas noticias económicas, porque si estuvieran a tope con las compras de navidad, no sé si podrían regalarme este buen trato...

Otro cantar fue el sábado en la pastelería de la calle Ledru Rollin.
Me paré un rato en su salón de té para saborear un chocolate vienés y vi pasar a un sinfín de clientes. Pero la verdad es que sin tener la fama de otros sitios (y los precios asociados) proponen productos realmente refinados y todavía asequibles.

En realidad lo más penoso de estos últimos días es este tiempo particularmente inestable que te despierta con un cielo azul de frio soleado antes de crucificarte por la tarde con una lluvia fria y un cielo de luto.

Por suerte todavía quedan muchas cosas por hacer en mi nuevo piso y pude disfrutar del domingo sin salir de casa.

Pero eso no es un buen método para superar la prueba de las compras de navidad...
Mañana redacto la lista y me meto en la batalla :-)
Y mientras tanto: ¡felices navidades para todos!