La pasada semana me regaló varios momentos provincianos.

Los azares de mi caos cotidiano me daron la oportunidad de descubrir un sitio bastante asombroso. Se trata de un conjunto de salones que el dueño alquila individualmente o reunidos para cualquier tipo de celebración. Limpios y bien cuidados, los espacios tienen una decoración muy representativa de los años 80 pero no se trata de una imitación sino de la decoración original. Si yo pasé por allí para asistir a una reunión asociativa, me cuesta imaginar la clientela que permite que este lugar perdure. Y más cuando se notan cada día más los efectos de la especulación inmobiliaria.

Me tocó otro momento provinciano al pasar por la plaza de Italia. Al pie del centro comercial hiper moderno, habían instalado una decena de casetas de madera para crear una sensación de mercado de navidad. Pero eso ya no es suficiente para atrapar a la gente y menos entre semana.

La serie continuó al pasear por varias calles muy alejadas de los circuitos turísticos. En estas zonas, nada de iluminaciones navideñas impresionantes pero sin embargo, algunas decoraciones invitan a celebrar las fiestas.

Y para seguir con la tendencia, dediqué el fin de semana a una estancia de 3 días en la orilla del rio Loira. Una hora de pesadilla con los atascos al marcharme el viernes por la mañana, otra hora al volver el lunes en medio día...
Pero confieso que con mucho gusto aproveché un tiempo soleado para atravesar París en coche y disfrutar esta luz tan especial en los edificios parisinos.