Charlando en la esquina de la calle me enteré de un acontecimiento organizado en un lugar alternativo para celebrar la primavera de los poetas y tuve ganas de asistir a este momento. Así es como aprendí todos los detalles para llegar a este sitio que no conocía.
El sitio se llama el teatro de vidrio y se halla al lado de los carriles de la estación del Norte. Cuenta con varias naves de tamaño medio y sospecho que en otros tiempos albergaba talleres. Ahora propone un espacio bar, dos salas grandes y un estudio.
También dispone de varias mesas en el patio y con un rayo de sol regala una manera muy agradable de perder el tiempo.

Entre los diferentes momentos planeados este día yo quería ver el proyecto de dos músicos europeos y de un bailarín africano para contar el viaje sin vuelta posible de un africano rumbo a Europa.

teatro de vidrio
Como uno podía imaginarlo, la sala de espectáculo no consiguió las autorizaciones para acoger al público. Pero si te haces socio de la asociación que controla este sitio privado, todo es diferente y puedes entrar sin problemas... ( curiosidades del derecho en Francia...)
Así que me registré y pude entrar en la gran sala.

La sesión de danza me gustó muchísimo porque expresa a través de la música y de la torsión del cuerpo todo el sufrimiento que conlleva el destierro. La colaboración entre músicos y bailarín me pareció todo un acierto y su manera de comentar sus intenciones al final de la prestación también me interesó.

A continuación proponían lecturas poéticas y pudimos escuchar cuatro autores con estilos, intenciones y presencias muy diferentes.
Luego aproveché la pausa del aperitivo para seguir otros caminos pero este momento me dio ganas de volver a este sitio.

Experimenté otro tipo de poesía con mi abono de velib.
Ingenuamente pensé que como ya había comunicado mi número de tarjeta de transporte al apuntarme, sólo tendría que activar la cuenta en la web antes de presentarme en la estación para conseguir una bici.
Desgraciadamente no fue así. Como no funcionaba pedí a la usuaria que pasaba por allí y tras presentar la tarjeta en el terminal, constaté que no se veía mi abono.
Entonces volví a casa, controlé mi cuenta y constaté que no conocía la referencia de mi tarjeta de transporte. Entré el número de abonado y esperé 24 horas para que validen el cambio pero la siguiente prueba resultó tan negativa como la primera.
Luego, indagando en la red constaté que el número esperado no es el número de abonado sino él de la tarjeta que aparece en el reverso de la tarjeta...
Otro cambio, otro ensayo, otro fracaso.
Al final llamé al servicio velib y tras explicarme que no había conexión entre la web que todos miramos y el sistema de gestión, registraron mi número y me confirmaron que no había otra opción que llamarlos...
Si escuchar eso me tranquilizó en cuanto a mis capacidades de adaptación a la modernidad, también me quitó las ganas de probar de nuevo...
A ver si supero la perplejidad y consigo hacerlo esta semana... Luego os cuento.