Desde París, el tema de la gripe se vuelve cada día más ridículo.

Ya al final de la primavera, los medios de comunicación comentaban que esta enfermedad detectada en México representaba un tremendo peligro y se trataba de prepararse a enfrentar la gripa mexicana.

Con el verano, la comunicación se hizo más politicamente correcta: la gripe dejó de ser mexicana para transformarse en gripe H1N1 y entre los polîticos el tema de la pandemia gripal demostró el gran nivel de responsabilidad de los gobernantes.

Al estar en la oficina en este momento, me tocó preparar un plan de funcionamiento mínimo para el departamento de compras... Por cierto intenté explicar que si todos se enfermaban, pocas compras tendríamos que hacer. Pero no hubo manera. Total rellené el formulario del momento y lista.

Pero la histeria colectiva no acabó con este papelito. Fue preciso preparar medidas sanitarias y a mi departamento le tocó organizar la compra de 1800 cajas de 20 máscaras de quirófano y de no recuerdo cuantas máscaras de tipo FFP2, por cierto muy sexy.
Cuando me fui de vacaciones teníamos el tema resuelto.

Desde mi refugio entre los montes, constaté que la histeria seguía en los medios de comunicación y cada día se trataba de contar las clases cerradas por causa de contaminación gripal. Pero cuando volví a la capital, constaté que esta tremenda enfermedad todavía no asomaba.

Entre mis colegas, sólo sé de uno cuyo hijo padeció algo parecido a la gripe de moda pero tras una semana, ya había recuperado.

Y lo mejor de todo es que mi proveedor de máscaras, tras entregarme una pequeñísima parte de mi pedido, me acaba de avisar que los fabricantes no dan abasto y que no encuentra solución.

Y yo digo que es una bendición porque así nos libramos de una compra que se parece más que todo a un despilfarro imbécil.

Ayer pasé por la farmacia de mi barrio y charlé un rato con la dependiente. Ella tampoco tenía máscaras pero proponía este gel hidroalcoholico de manos, supuestamente eficaz.
Como empedernida víctima de la moda, me compré un frasco pero si se acerca la pandemía, creo que pasearé con mi regla de modista, estupendo objeto de madera que mide un metro, y lo usaré para que la gente guarde sus distancias.

¡A ver si lanzo una nueva moda!