Tras muchas horas de viaje, por fín llegué a mi querida ciudad.

En realidad, la sensación de vuelta empieza a una decena de kilómetros de la ciudad, cuando aumenta la densidad de coches en la autopista, y se concreta con el primer atasco.

¡Porte d'Orléans!
Esta entrada Sur de París sigue con su eterna maldición. Si ya se acabaron las obras del tranvía y los correspondientes atascazos, ahora vamos con las obras de extensión de la línea 4 del metro y seguimos con nueva variedad de atascos.
Ayer el periférico parecía paralizado así que recorrí los bulevares exteriores.
A pesar de estar conduciendo, no pude resistir a unas micro sesiones de contemplación, con la bendita ayuda de algunos semáforos requete oportunos :-)
La larga cinta verde del tranvía resulta de verdad muy bonita y noté varios edificios que merecen una investigación extra. La luz me pareció muy bonita pero las gatas ya no podían aguantar más tiempo viajando...

Tras enfrentar las escaleras con las maletas y veinte kilos de cebollas, tocó la hora de devolver el coche.
Lleno de gasolina, primer contacto con los precios parisinos: 1€11 el litro de gasoil cuando queda bajo el euro en el sur de Francia...
Estación del Norte, los "incluidos" esperaban su tren de alta velocidad mientras en la puerta, los marginados mendigaban un cigarrillo.

El tiempo muy suave invitaba a volver caminando.
De paso, visité una de estas nuevas tiendas diseñadas para los solitarios con prisa: abre hasta las 24h y propone todo lo necesario para inventar una comida en un plis plas.
Al lado del metro Barbes, ya no estaban los vendedores callejeros de cigarillos pero se percibía otro tipo de comercio.
Ya llevaba demasiado horas de pie para seguir paseando.

La reposesión continuó hoy con la visita a mis comerciantes preferidos: la frutera ya me esperaba y el carnicero me habló con emoción del largo camino hasta su tierra de veraneo.

Mañana vuelvo a la oficina y podré repartir una parte de mi cosecha de cebollas.