Dentro de una semana volveré a la ciudad de las luces y toca tomar unas decisiones más o menos importantes.
Entre éstas surge la pregunta de contratar o no un abono de velib.

Cuando empezó la instalación de estas bicis en libertad, a los tres meses contraté un abono de un año. Costaba una treintena de euros y te dejaba usar estas bicis tantas veces como querías siempre que las sesiones de uso no superaran 30 minutos. Al final de este año, constaté que los había usado tres días, esencialmente porque había huelga de los transportes. Y al final no seguí con el abono.

Hoy la oferta de velib mejoró muchísimo. Primero porque instalaron más estaciones dentro de París, pero también porque extendieron el territorio de la oferta a los municipios de rodean la capital. Total tengo dos estaciones al lado de mi oficina y otra al lado de mi club de deporte.

Si vacilo tanto es que el velib me plantea dos problemas.

El primero es que yo suelo pasear mirando por todas partes menos por donde piso y eso no es adecuado para desplazarse en bici por la jungla parisina.

El segundo es que no me gusta hacer bici cuando no llevo pantalón y zapatillas. Total por vestirme de modelito o lucir algunos tacones improbables, en varias ocasiones renuncié a usar el velib.

Por cierto, puedo rehacer mi vestuario y conservar exclusivamente lo que cuadra con la vida de ciclista urbano de azar. Pero como viandante empedernida no sé si soy capaz de centrarme en el manejo de esta maquinita.

¿Y vosotros, que decís?