Ya llevo una semana en esta tranquila aldea de monte que tanto me gusta y este cambio de ritmo viene de maravilla para hacer el balance de la vida parisina.

Si admito sin problema que el tema del alojamiento puede convertirse en una auténtica pesadilla y si reconozco que la vida parisina resulta más fácil con algo de dinero que como millarista, tengo la sensación que lo que más les hace falta a los parisinos es el capital cultural mínimo para disfrutar de su ciudad.

La última vez que llevé a alguien de paseo, en varias ocasiones esta persona se asombró al verme sacar una foto e intentó adivinar lo que me interesaba. Al final del paseo me gustó su conclusión muy graciosa:

"Para apreciar París, es preciso mirar hacia arriba"

Cuando veo a todos estos parisinos ensimismados, caminando con la mirada hacia el suelo, considero que no saben lo que se pierden.

Otra sensación tengo con las pandillas de jóvenes que hacen tiempo en los alrededores inmediatos de las estaciones de la Red Exprés Regional.
Con estos, intuyo que el tema del capital cultural es un auténtico problema y a veces tengo ganas de convertirme en educador callejero para proponerles algunos recorridos y ayudarles a apropiarse la ciudad.

De momento seguiré cargando las pilas para poder enfrentar serenamente el otoño parisino.