El pasado miércoles enfrentamos el día con más calor de todo el año (por lo menos eso dice Meteo France): 36 grados, en una ciudad que no está preparada para eso.
Por cierto tenemos las instalaciones de París Playa y podríamos acudir para probar los refrescantes brumisadores. Pero si todos se comportaran así, estos artilugios enseñarían muy pronto sus límites.

Este año, tras varias temporadas de boicoteo, quise visitar la instalación que armaron en la orilla de la dársena de la Villette y eso me reconcilió con el proyecto.
Si la instalación inicial del centro de París resulta demasiado concurrida, con una reunión asombrosa de mirones y de exhibicionistas en un espacio reducido, en la Villette se trata de otro cantar.
Primero porque ya no estamos en el hiper centro de París sino en un barrio rehabilitado en los años 80s cuya población cuenta esencialmente parisinos de a pie. Nada para fardar y mucha gente del vecindario.
Luego porque el espacio de la dársena de la Villette resulta mucho más adecuado que la orilla del Sena para este tipo de instalación. Las amplias orillas a salvo del tráfico automóvil dejan pasear sin agobio y el tamaño y la tranquilidad de la dársena permiten acoger una zona de juegos acuáticos para los niños, con barquitos incluidos.
Tras este descubrimiento, seguí explorando el itinerario del autobus número 60 pero de momento son muchas las cosas que no capto bien.

El viernes tocaba otro paseo con una deportista y se notaba al caminar que mucha gente seguía de vacaciones, pero la semana que viene será diferente.
Esta mañana en el mercado se veían los veraneantes recien de vuelta y en la calle, los coches ya son más numerosos.
No quedan más remedios que constatar que para la mayoría de los parisinos, ya se acabaron las vacaciones.