Tras arreglar varios problemas domésticos, por fin pude escaparme de nuevo y recuperar mi ritmo de viandante.
Aproveché una tarde soleada para visitar una tienda de la plaza del Odeon y si no encontré lo que buscaba, constaté con satisfacción que todos los cafés ya llevaban el ritmo veraniego, con la imprescindible terraza puesta.

Luego pasé por las pequeñas calles que llevan a la plaza Saint Michel. Noté varios cambios de actividad entre las tiendas pero no hice tiempo en esta zona demasiado concurrida y seguí la orilla del Sena rumbo al Oeste.

A pesar del tráfico automóvil, la orilla Sur del Sena es un buen sitio para pasear.
En la acera de los edificios, las tiendas de anticuarios presentan objetos de colección que no atraen a los adictos del consumismo. Y a continuación la Moneda de París y luego el Instituto son demasiado serios para estos seres volubles.
En la acera del Sena, si apartamos los puestos de los libreros de viejo, el recorrido atrae principalmente a estos contemplativos capaces de apreciar la silueta peculiar de la torre puntiaguda, la llamada de la plaza Dauphine, la fuerza tranquila del Puente Nuevo y la ligereza del puente de los Artes al lado de la monumental fachada del Louvre.
Compartiendo el camino con estos paseantes, pasé por el puente de cortazar sin encontrar a la Maga y dediqué un momento a este lugar que tanto aprecio: el patio cuadrado del Louvre.
Incluso en la temporada alta de turismo, este patio magnífico en el plan arquitectónico sigue regalando un espacio de tranquilidad en medio de la gran ciudad.

Al lado de la pirámide ya era otro cantar pero pude hundirme rápidamente en la parte subterránea rumbo a las tiendas que me interesaban.
En esta zona muy concurrida pasé el tiempo estrictamente necesario antes de escaparme en metro rumbo al Arco del Triunfo.

A partir de allí exploré un trocito de la avenida de Wagram y de la muy burguesa plaza des Ternes antes de meterme en el primer autobus rumbo a mi casa.

Fue una tarde de buena vida con unos hallazgos en las tiendas y varios momentos de paseo muy agradables.