Cuesta mucho trabajar cuando llegan los primeros días agradables, de estos que anuncian la primavera y borran los malos recuerdos de días sin luz y esta semana, no pude resistir.

Me escapé temprano de la oficina con la idea de disfrutar de un chocolate vienés en mi terraza preferida, en el Père Tranquille, al lado del forum des halles. Desgraciadamente, cuando llegué, mi terraza estaba a tope de gente y no pude instalarme como siempre.

Total visité la primera planta de este venerable café y constaté que la habían renovada de una manera muy acertada, ideal a la hora de compartir confidencias con algun amigo. Como ya no atendían a los clientes en esta zona, me instalé en la planta baja, al lado de los cristales.

Al final pude disfrutar del sol sin padecer la temperatura todavía fresquita y el chocolate vienés colmó mis expectativas.
También pude dedicarme a una de mis actividades preferidas: contemplar la calle y sus gentes.

Este día se veía que la gente disfrutaba de verdad de este rayito de sol y el tema de la crisis parecía olvidado.

Otro cantar fue el jueves, con un millón de manifestantes desfilando por las calles de Francia. Pero seguíamos con un rayito de sol y quizás fue un aliciente extra para pasear con banderolas...