Este fín de semana, Doña Ana pasó par París con Manolo.
Quedamos el domingo en medio día, a pesar de la tímida lluvia del día, y tras recorrer el mercado dominguero del Bulevar Ornano, pasamos un largo rato explorando los diferentes mercados de las Pulgas de Clignancourt.
El almuerzo nos dio la oportunidad de descubrir un sitio un poco apartado pero muy correcto y Don Manolo pudo comprobar que las "ensaladas" parisinas bien valen un plato clásico.

Un discreto sol de invierno alegró la siguiente parte del camino y cuando llegamos a la colina de Montmartre, disfrutamos de una vista estupenda con esa luminosidad tan bonita que sucede a la lluvia.
El recorrido común se acabó en el metro, ellos rumbo al sur y yo rumbo al norte.

Ana y Manolo me dijeron que pasaron un día muy agradable y como en estos últimos días el tiempo fue relativamente bueno, supongo que pudieron aprovechar en grande su estancia.

Personalmente aprecié muchísimo el largo intercambio que tuvimos sobre temas de todas clases. Estas comparaciones improvisadas son preciosas para relativizar los discursos dominantes y seguir con cierto criterio.
Desgraciadamente un contexto laboral demasiado ajetreando me impidió disfrutar de otro paseo con esa tan buena gente.
Pero algo es algo y hoy quería agradecerles por el excelente momento que compartimos.