La primera semana del 2009 nos regaló una bonita alfombra de nieve.
Pero esta capa blanca no permaneció mucho tiempo en las aceras de París ya que empezaron las rebajas y que los comerciantes arreglaron el tema.

Otro cantar es en las afueras de París.
La diferencia de temperatura con el corazón de la capital suele ser de 4 grados y con el frío de los últimos días la bonita alfombra blanca se convirtió en varios lugares en una tramposa pista de patinaje. Coches y conductores revelan sus límites y desplazarse se vuelve cada día más complicado.

Yo no tuve problemas pero este fín de semana pasé por el jardín de las Tullerías y constaté que el mantel blanco se había concertido en hielo. Pero con algo de cuidado pude llegar al museo de la Orangerie y contemplar un estupendo panorama.

Curiosamente, ahora que llevamos varios días bajo cero, el tema de los sin domicilio fijo no es muy presente en la prensa. Destacan los problemas creados por esta situación excepcional en la región de Marsella, señalan que el consumo de electricidad alcanza niveles altísimos y polemizan sobre varios temas secundarios.
Y eso que basta con pasar diez minutos esperando el autobus para sentirse congelado...

Hoy ya enfrenté el frío para arreglar el tema del avitallamiento. El tímido sol de Enero proporciona una luz muy bonita pero ya tuve usé mi reserva de calorías. Así que seguiré imitando las gatas que oscilan entre los radiadores y la manta de mohair...