Los parisinos ya superaron las angustias de la vuelta y a mi me toca reapropiarme la ciudad y recuperar el ritmo de la capital.

Ayer, nada más llegar, hice un mini recorrido a partir de la estación del norte.
El incendio en el túnel bajo La Mancha seguía perturbando el tráfico de los "eurostars" y la estación albergaba muchos viajeros despistados.
En los bulevares encontré el movimiento de los sábados y no quise meterme en la pesadilla de las compras.

En cambio esta mañana visité a mi frutera preferida. Ella volvió dos semanas atrás y no pude saludarla antes de marcharme.
Lo malo es que ya noté mucho cansancio en su cara.
Lo bueno es que por fín vuelvo a sentir placer al comer frutas.

Mañana vuelvo a la oficina y eso ya será otra historia.
¿A ver cuanto tiempo tardo para recuperar mis ojeras de siempre?