Tradicionalmente, el periodo de la fiesta de Todos Santos coincide con las primeras vacaciones escolares de los niños y París se despuebla.

Este año el día festivo era un jueves y varios almacenes anunciaron aperturas excepcionales.
No sé si es para aumentar un volumen de negocios mediano o si es porque ya no se concibe un día libre entre semanas sin ir de compras.
Lo cierto es que esta recuperación consumerista de esta fecha simbólica me exasperó : ¡nuestra identidad no se resume a nuestras compras!

Total me metí en un largo recorrido cuya primera etapa fue el muy cerrado cementerio del calvario. Luego seguí paseando, nariz al viento, en busca de estos relojes de sol que adornan algunos edificios parisinos.
Pillé algunos momentos especiales, descubrí nuevos detalles de esta maravillosa ciudad y volví con una provisión de historias por contar...