Las mejores cosas tienen un fín y ya se acabaron las vacaciones.

La vuelta fue brutal.
Despues de dos semanitas caminando por los cerros, encontrar de nuevo los atascos, la gente corriendo por todos lados, las sirenas de todas clases y el ruido de fondo de la Capital fue casi un trauma.
Lo bueno es que ya volví a la tienda de la frutera y pude saciar mis ansias de frutas ricas...

Ahora toca deshacer las maletas y prepararme a otros recorridos por las calles parisinas.