En la parada del autobus esperaba un ciego con su bastón blanco.
El maquinista del autobus tocó el pito y paró el vehículo de tal forma que la puerta estuviera perfectamente en frente de este viajero.
El ciego entró y empezaron a hablar.

Yo bajaba en esta parada pero este momento de pura solidaridad me alegró el día.