Hoy cambié de itinerario al volver del cajero automático y me quedé perpleja al examinar los comercios de la última manzana.
Un bar, un cocinero chino, un locutorio, una pastelería argelina, una farmacia, un bar.
Algo no cuadraba...

Contemplé de nuevo la sucesión de tiendas y de repente detecté la anomalía : ya no encontraba la tienda de los quesos.

Se llamaba "la ferme de Saint Louis" y allí compraba estos quesos de cabras que tanto me gustan. El dueño tenía unos sesenta y se notaba su amor de los productos de calidad.

Imaginé que se había jubilado y que por eso había desaparecido la tienda. Pero me quedé con una curiosa sensación. El cambio no se hizo de la noche a la mañana y sin embargo no noté nada, como si algún brujo travieso hubiera borrado esa tienda del barrio...

Ahora instalaron un locutorio... ¡uno más!