A lo largo de mis recorridos parisinos, nunca me había fijado en las aceras de París.

Todo cambió cuando una amiga mía tuvo un grave accidente y necesitó temporalmente una silla de ruedas para desplazarse. La llevé varias veces a pasear y las aceras parisinas empezaron a interesarme.

Primero notas que son muchas las aceras estrechas que apenas permiten el paso de la silla de ruedas.
Luego notas la sútil inclinación que lleva la silla hacia la calzada.
Pasas varios ratos repasando todas las palabrotas de tu repertorio porque algunos aparcamientos descarados no te dejan espacio para cruzar las calles
...

Al final descubres que las aceras de París no son tan acogedoras.