Llevaba siglos sin pasar por la estación Les Halles entre semana a las seis de la tarde.
A estas horas mis recorridos suelen llevarme por otros caminos y no recordaba la tremenda agitación de la sala de enlaces.

Esta sala es un espacio raro definido como negativo.
Es el espacio que NO ocupan las tiendas y todos los cilindros que albergan las escaleras.
Es un espacio que NO tiene perspectiva, solo indicaciones puntuales de dirección.

Y en este espacio inhóspito la gente se mueve como puede, generando una curiosa sensación de caos, como las moléculas de un gas.