Caminando por París con Caol

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2/09/2018

Volviendo

Ya se acabaron las semanas veraniegas de vacaciones.
Volví a París el pasado lunes y con gusto constaté que habían regado mis macetas y que la pila de facturas esperando en mi buzón no era muy importante. Entregué a la vecina de la quinta planta los quesos de cabra que me había pedido y me invitó a almorzar en su maravillosa terraza.
Por la tarde tocó llenar la nevera, arreglar los temas administrativos pendientes y pude considerar que todo estaba preparado para que pueda volver a trabajar con serenidad.

Desgraciadamente, en la oficina, me esperaba un remolino de temas pendientes obviamente urgentes y con tan solo cuatro días desapareció una gran parte del beneficio de las vacaciones.

El mejor momento de la semana fue en la tienda de bricolaje que se halla al lado de Beaubourg.
La primera visita me dio la oportunidad de descubrir la estantería en donde presentan todos los elementos necesarios para crear una lámpara a partir de cualquier trasto y encontré lo que necesitaba para hacerlo con una cerámica regateada en algún mercadillo. Mientras compraba bombillas de tipo led, me interpeló un periodista de radio y me entrevistó acerca del fin de la fabricación de las bombillas halogenas. No sé lo que fue transmitido par la radio pero por lo menos fue un rato divertido. Y para bien acabar con esta visita, pasé por las cajas automáticas y conseguí acaparar al dependiente que asista a los clientes principiantes.

Hice la segunda visita con un compañero del trabajo y curioseamos por varias secciones. Ambos militamos en el mismo sindicato y a la hora de pasar de nuevo por las cajas automáticas surgió la pregunta de quien conseguiría bloquear su caja, acto sumamente político de protesta contra la supresión de los empleos de cajeras. Mi compañero no tuvo mucho éxito pero yo necesité un tiempo infinito para escanear los dos miserables objetos del día, puse mi mochila en medio de los artículos para buscar mi cartera (lo cual bloquea el aparato), me equivoqué al teclear el código de mi visa y en vez de usar la tecla corregir use la tecla cancelar... Al final fueron casi diez minutos para dos miserables bombillas y mi compañero me concedió la victoria.

En el autobus de la mañana, ya encontré a todos los viajeros de siempre. Se acaban las obras de instalación de los carriles de bici en el bulevar Voltaire y pude, de paso, sacar una foto de un sitio tristemente famoso.

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A ver si sobrevivo a la segunda semana.

12/08/2018

Última semana

Ya se marcharon muchos parisinos y eso deja espacio para que topes con gente que no sueles encontrar.
El lunes, en la estación de autobus, un hombre me interpeló:

- tu eres blanca

Yo no me pienso en termino de color de piel así que contesté:

- yo soy una humana.
- yo soy negro.
- tu eres un humano también.
- ¡No! Cuando eres negro no eres humano

El hombre se marchó rumbo a la distribución de comida de la armada de la salvación. ¿Pero qué se puede responder a una frase tan tajante?

Lo cierto es que cerraron el centro de alojamiento de la puerta de la Chapelle y que los policías se llevaron a todos los refugiados que acampaban por esta zona. Algunos vecinos cuentan que cortaron el agua que alimentaba el lavamanos colectivo instalado en la plaza de la Chapelle y eso hicieron justo cuando empezó la canícula… Y las asociaciones que preparan centanas de comidas diariamente anunciaron que tenían que dejarlo unas semanas porque sus voluntarios se van de vacaciones.
Así que a partir de estos elementos, se entiende que uno considere que no le tratan como a un humano.

Yo estaba requete agotada por la canícula y renuncié durante varios días a mis caminatas cotidianas. Después de la lluvia del jueves, las temperaturas volvieron a 25 grados y el viernes, al amanecer, fui caminando hacia el ayuntamiento.
Llevaba tiempo sin pasar por esta zona céntrica y me impresionó la cantidad de gente durmiendo en cualquier rincón. Gente desalojada, gitanos o vagabundos... Los refugiados no han llegado a esta zona... y los políticos se marcharon de vacaciones como muchos parisinos.

En la estación de Bercy, había mucha gente en el patio de los autobuses y para los trenes, casi no quedaban asientos.

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Yo voy a pasar unos días en el jardín donde veranea mi gatita.
¡Hasta pronto!

5/08/2018

Canícula (2)

Seguimos con temperaturas muy altas de día como de noche y la cuestión de recuperar se vuelve cada día más complicada.
Por suerte tengo una vecina septuagenaria muy acogedora que me invitó a cenar en su improbable terraza de la quinta planta. Y si allí también la temperatura ronda los treinta grados, pasar un rato en medio de tanta vegetación resulta muy agradable.

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Al día siguiente encontré algo de energía para ir caminando hacia mi instituto, pero sin pasar por las colinas del Este.
Al atravesar el canal Saint Martin, constaté que ya no había campamento de refugiados. En su lugar una garza estaba contemplando el agua, preparando alguna sesión de pesca.
Luego seguí rumbo al distrito XI para explorar algunas zonas que no conozco bien.
Curiosamente, en la calle de la Fontaine au roi, el magnífico fresco representando las manifestaciones de mayo de 2018 ya era tapado con una pintura gris tristona. Ya se sabe que el poder no acepta la crítica, pero no pensaba que esta obra de arte molestaba tanto...
Luego me perdí el micro autobús de la plaza Gambetta y seguí explorando el distrito XX, descubriendo la calle Victor Segalen y la Cité Leclaire.

El jueves hice otro recorrido por la mañana, pero el auténtico descubrimiento del día fue la tienda de los hermanos Nordin.
Ubicada en la calle del Faubourg Saint Antoine, esta tienda propone todos los productos necesarios para los ebanistas y todos los que pretenden restaurar o dar los toques finales a algún objeto de madera.
El hombre que me atendió me proporcionó muchas explicaciones acerca de la manera de obrar y cuando enseñé los productos que me había recomendado a un profesional, tuve la confirmación que era una buena elección.
Antes de marcharme de la tienda pregunté al dependiente que formación tenía para dar todos estos consejos y el hombre me confesó que hizo estudios de comercio. Pero también me dijo que se había enamorado del universo de la madera y me enseñó fotos del mueble que estaba restaurando.
Todo eso confirmó la sensación de haber encontrado un sitio precioso para todos los proyectos que tengo.

Ese mismo día encontré la tienda de mi frutero cerrada y tuve que imaginar un plan de supervivencia alimentaria.
Por suerte falta poco antes de mi secunda sesión de vacaciones.

29/07/2018

Canícula

Esta semana todos los parisinos tenían el mismo objetivo: sobrevivir a la ola de calor.
Por cierto, en algunos sitios, las temperaturas de 35 grados son muy frecuentes y la gente la pasa muy bien. Pero de momento, París no es una ciudad acondicionada para estas situaciones y son muchos los que recuerdan la canícula del 2003 y el pico de mortalidad que provocó.

En mi modesta casa, conseguir que la temperatura interior quede alrededor de 28 grados con 35 grados en mi balcón fue muy complicado. De día fue preciso cerrar y tapar las ventanas, mojar las cortinas y las sábanas, tener ropa húmeda secando y apagar todos los aparatos innecesarios. De noche tocaba regar las macetas y la moqueta del balcón, abrir las ventanas para disfrutar de cualquier aire fresquito, y aguantar la vida nocturna de la calle...
Aún así resultó dificilísimo dormir y recuperar del cansancio provocado por el calor.

Yo tengo la suerte de viajar por líneas de metros climatizadas y de trabajar en un edificio de alta calidad ambiental con aire refrigerado, y los 25 grados de los despachos resultan muy agradables. Pero también tuve la mala idea de viajar con algunos autobuses y no aguanté más de una estación.

Pero cuando no aguantas estas temperaturas, siempre queda la posibilidad de visitar algunas tiendas con aire acondicionado pero eso puede resultar muy peligroso para el presupuesto :-)

Esta ola de calor se acabó el viernes por la noche con tormenta y piedras de granizo de un centímetro… Por suerte no lastimaron las plantas de mi balcón.

Yo aproveché uno de estos días de mucho calor para pasear con una familia argentina por el centro de París.
Con gusto constaté que ya acabaron la restauración de un techo de vidrio en uno de los patios que forman parte de la galería Vivienne y ahora están restaurando la parte superior de la gran nave.

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También aprecié la evolución del gran jardín que se halla al pie de San Eustaquio y la instalación de varios pulverizadores para refrescar a la gente.
Y hora toca regar una vez más mi pequeña zona verde.

22/07/2018

Caminando

Creo que ya superé el trauma del cambio de ritmo, pero el lunes no formaba parte de la gente esperando en los Campos Elíseos que pasara el autobús de los nuevos campeones. Volví a casa temprano e intenté encontrar soluciones para refrescar mi piso...

El miércoles retomé las caminatas de la madrugada.
Atravesé el parque de las Buttes Chaumont y me paré un rato para contemplar el panorama hacia el norte de París. Al salir del parque pasé por la calle del Plateau y cuando vi una callecita de un metro de ancho, no pude resistir...
Este pasillo tiene cien metros de largo y comunica varias casas escondiendo sus patios y jardines detrás de altos muros. Curiosamente este pasillo no me pareció peligroso, pero tampoco presenta hueco en donde un agresor podría esconderse.
Luego seguí rumbo a la plaza Gambetta y su muy cómoda colección de líneas de autobús.

Al día siguiente pasé de nuevo por el gran parque, pero al salir caminé rumbo a la calle de China en busca del pasaje de los suspiros.
Llevaba siglos sin pasar por este sitio y constaté con alegría que las diferentes transformaciones habían preservado el ambiente de esta callecita y aumentado la presencia vegetal.
En medio de la vía noté la reja del jardín de los suspiros y admiré su vigilante. Desgraciadamente estaba cerrado y tendré que volver al atardecer para visitarlo.

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El viernes tuvimos por fin un poco de lluvia y las temperaturas bajaron un poco.
En la oficina conté las salidas de vacaciones y sé que mañana quedará poca gente en mi instituto de siempre.

Total, para cargar las pilas, dediqué todo el fin de semana a leer una novela de Elsa Osorio.
¡Continuará!

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