Caminando por París con Caol

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7/10/2018

¡Qué cosas!

No sé si fue por la luna llena, pero estos últimos días llevaron su cuenta de desórdenes de todas clases.

Todo empezó con la crisis de agitación del “griot” que vaga por mi barrio. El hombre, impresionante por su potencia muscular, puede pasar horas bailando posado encima de una papelera urbana. Pero en otros momentos, se lía con cualquier persona y regala al vecindario el largo canto de su cólera con amenazas físicas incluidas. Últimamente, armó varios líos con el dueño de una tienda de la calle, pero la población intervino para apaciguar las cosas.

Poco después el dueño del café que se halla a treinta metros de mi casa armó un escándalo en su establecimiento, con riña, gritos y cristal roto.

El lunes, cuando salí de mi casa al amanecer, topé con un tipo que exploraba la calle con una piqueta. Confieso que no intenté entender lo que estaba haciendo y cambié de acera precipitadamente.

El martes, a la misma hora, una de las mujeres que se prostituyen en la esquina estaba gritando alguna desventura por teléfono. Sé que estas mujeres tienen una vida muy dura, pero no sirve despertar a la gente del vecindario.

Lo peor ocurrió en mi instituto.
Al llegar a su despacho, una colega topó con el cadáver del secretario general de su sindicato. Según parece, el hombre había vuelto a su despacho muy tarde el día anterior, pero nadie se percató de su presencia y nadie pudo constatar su desvanecimiento y alertar cuanto antes. Entonces empezó el largo protocolo que se aplica en este caso: SAMU, magistrado, forense, antes de llevar el cuerpo al instituto de medicina legal para practicar una autopsia.
Y al día siguiente, la dirección propuso una sesión colectiva con un psicólogo para los que lo deseaban.

Yo tengo varios colegas muy afectados por el acontecimiento e intenté ayudarlos a superar el choque. Pero mientras no conocemos las causas de la muerte, siempre quedará la sensación difusa que hubo algún fallo en la organización del instituto.

Mientras tanto, preferí marcharme unos días lejos de esta agitación.

30/09/2018

Paseando por el “Luco”

Esta semana tocaba cenar con unos amigos, en un piso situado cerca del ayuntamiento de Montrouge (fin de la línea de metro número 4). En estos casos suelo encargarme del postre y nada más salir de la estación Odéon, caminé rumbo a la calle de Seine en donde se halla una de las tiendas de Arnaud Larher. Escogí varios pasteles individuales, con la idea de cortarlos para compartirlos y probar con mis amigos y como tenía tiempo de sobra seguí caminando rumbo al Sur.

Lo primero que me llamó la atención fue el estado de las aceras, muy limpias, sin el más mínimo trozo de papel yaciendo abandonado en el suelo.
Por cierto, estas calles no tienen tanta vida como las de mi barrio. Además, sus habitantes forman parte de las clases superiores y por su “buena educación”, no tiran basura al suelo. Y l a cercanía del Senado provoca una presencia policial más importante que en otros sitios...

Luego quise pasar por el “Luco” (así es como se llama el jardín del Luxemburgo de manera coloquial).
Al atardecer había una cantidad impresionante de personas disfrutando de los últimos rayos de sol de la tarde, sentadas en una de las sillas sueltas en el parque. Yo me paré varias veces para contemplar el panorama y los colores del otoño apoderándose de los árboles.

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No recordaba que este jardín era tan grande. Con 22,5 hectáreas, casi es cuatro veces más grande que el modesto jardín de mi barrio que apenas tiene 6,5 hectáreas. Y con 33600 habitantes por kilómetro cuadrado, la densidad de población de mi distrito es mucho más importante que la del distrito VI (20400 habitantes por kilómetro cuadrado) ...
Salí del jardín al lado de la estación de Port Royal y seguí rumbo al Sur por la avenida Denfert-Rochereau.

Esta parte del distrito XIV no tiene mucha vida (si aparto el recinto de “grands voisins”). Sin embargo, poco antes de llegar al fin de la avenida, noté un grupo de una decena de personas, preparando su campamento en la amplia acera de esta vía.

Saludé de paso al león de Belfort, resistí a la tentación de pasar por la calle Daguerre y seguí rumbo al sur por la avenida General Leclerc y su sucesión de tiendas de todas clases. Aquí también se nota que los habitantes son de clase media superior pero los ingresos son menos altos que en el distrito VI.

Al llegar al cruce con la calle de Alesia, pasé por una calle que no conocía y llegué directamente al gran edificio de viviendas sociales en donde vive mi amigo.
Desde la ventana de la cocina, en la novena planta, divisé la basílica del Sagrado Corazón y eso me tranquilizó. Pude apreciar la comida riquísima preparada por mi amigo y pasar un excelente rato.

23/09/2018

Ritmo de otoño

Ya se acabó el verano, y si la temperatura sigue muy agradable, los días son cada día más cortos. Yo suelo marcharme de casa temprano, pero todavía es de noche y la madrugada viene una hora después. Total, renuncié a los largos recorridos de la madrugada, empiezo el trabajo más temprano en mi instituto y me marchó al final de la tarde para disfrutar de los últimos rayos del sol.
Aproveché este nuevo ritmo para pasar por varias zonas y cruzar a sus habitantes.

En la colina de Belleville, pasé por varias calles en donde construyeron muchas viviendas sociales, pero no todas tienen la misma calidad: algunas tienen patios ajardinados y detalles de decoración que dan un toque cuidado. Noté varias pinturas interesantes en las paredes y a las 18 me encontré con todos los niños volviendo a casa después de las actividades escolares y extraescolares. Pero a las 19, las familias ya estaban en casa, instalada delante de la televisión.
Yo seguí rumbo al canal Saint Martin y encontré una panadería buena y barata.

También pasé por varias calles del distrito XI.
En esta zona también construyeron muchas viviendas sociales, pero en medio de las manzanas conservaron espacio para instalar jardines de tamaños variados.
El primero que visité se halla al final de la calle Neuve des boulets. Cuenta con varios espacios y permite la convivencia de las familias con niños, de los ancianos y de los trabajadores que viven en la residencia de la calle de la Petite Pierre.
Esta residencia me llamó la atención porque en casi cada alféizar se veía una plancha, como si fuera imposible compartir estos aparatos.

Más adelante, después de cruzar la calle de Charonne, pasé debajo de un gran edificio y descubrí el parque Colbert. Rodeado de construcciones, este jardín bien escondido acoge esencialmente familias con niños. En su extremo norte se ve un bonito edificio de otros tiempos que alberga una asociación de actividades para los ancianos.

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Al salir de este tranquilo jardín pasé por la calle Leon Frot en donde noté varios locales que tengo que probar, antes de pasar por la Cité de Phalsbourg. En esta pequeña calle, instalaron un micro parque con juegos para los niños.
En la siguiente calle, encontré un jardín más grande, con mesa de ping pong incluida.
Y olvidé mencionar el pequeño jardín Pierre-Jean Redouté.

Después de pasar por todos estos jardines, ya no me asombra que la gente aprecie tanto el distrito XI.

16/09/2018

Acabando con la senda 2024

Tuve un rato la tentación de meterme en alguna de las visitas de las jornadas europeas del Patrimonio. Pero cuando constaté, al mirar el mapa, que la mayoría de los sitios eran iglesias, preferí renunciar y decidí que acabaría con la senda 2024.

Retomé el recorrido cerca de la puerta de Clignancourt, rumbo al Este.
En esta zona construyeron un centro universitario que forma parte de la prestigiosa universidad de la Sorbonne, así como una residencia para los estudiantes. Más adelante se ve un gran complejo deportivo a mano izquierda y varias naves a mano derecha.

La senda pasa luego por la puerta des Poissonniers y sigue por el bulevar Ney. Allí el paseante descubre una zona de obras, justo antes de la puerta de la Chapelle.
Obras en el bulevar para preparar la continuación del tranvía.
Obras a mano derecha para construir el nuevo barrio Chapelle internacional en los terrenos liberados por la sociedad de ferrocarriles.
Obras a mano izquierda en donde demolieron el sitio de acogida de los migrantes en previsión de la construcción del futuro campus Condorcet.

Después de cruzar la puerta de la Chapelle, noté en cada acera del bulevar, una fila de personas haciendo cola para conseguir un trozo de pan y un café.

Los migrantes que llegaron a París se percataron de qué los campamentos grandes provocaban desalojos fuera de la capital y ahora se dispersaron en varias zonas de la ciudad. Pero también vuelven cerca de la puerta de la Chapelle porque allí algunas asociaciones siguen repartiendo comidas y ayuda.
Así que, a lo largo de este recorrido, encontré varios grupitos, guardando sus cosas antes de marcharse o aprovechando los grifos de las fuentes públicos para asearse...

La senda sigue, bordeando otras instalaciones deportivas, y deja ver la barriada Charles Hermite. En la puerta de Aubervilliers, resistí a la tentación de visitar las zonas comerciales y seguí por una agradable avenida arbolada, rumbo a lo que el folleto llama “bosque lineal”. ¿Quién pensaría que esta foto fue sacada dentro de París?

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Si el paseo por esta parcela encerrada entre el bulevar periférico y las nuevas construcciones del bulevar Mac Donald, que mide 20 metros de ancho y 300 metros de largo, resulta relativamente agradable, confieso que tengo otra idea de los bosques.
Al salir de la parcela, uno descubre el canal de Saint Denis. Entonces es preciso seguir a mano derecha para volver al punto de inicio en el parque de la Villette.

A fin de cuentas, la libreta de la senda 2024 me dio la oportunidad de pasar por varios sitios que no conocía. Pero espero que el Municipio no gastó mucho dinero para este recorrido mal balizado y estas explicaciones con muchos errores.

9/09/2018

Penúltimo tramo de la senda 2024

La semana empezó con un toque alegre, cuando encontré, en la sala de espera de la estación de Bercy, una máquina expendedora de historias. Proponía tres opciones de duración de lectura: 1 minuto, tres minutos y cinco minutos. Escogí el relato de tres minutos y me tocó un cómic con un diálogo de gatos.

Retomé mis caminatas de la madrugada y tuve la sensación de que la cantidad de personas que duermen en la calle aumentó. Lo nuevo es la situación de estos jóvenes, tumbados en la acera, durmiendo en cualquier sitio. Encontré a uno al pie de un farol y otra al pie de un semáforo... ¡Qué cosas!

Como siempre pasé por varias tiendas de bricolaje y gasté demasiado dinero así que dediqué una parte de este fin de semana soleado a recorrer el penúltimo tramo del sendero 2024.

Había abandonado el circuito poco después de la visita del jardín Claire Motte y volví allí para descubrir el tramo siguiente. La zona sigue en obras con la construcción del tranvía y de varios edificios así que resulta casi imposible encontrar las marcas que señalan el camino o las placas de las calles. Y a pesar de las indicaciones del folleto, me costó tiempo encontrar la primera calle del recorrido.
La primera etapa de este tramo es un pequeño jardín rodeado de edificios de viviendas, con poca superficie y poco encanto.
Luego el recorrido pasa por la calle de los tapices que comunica un patio muy agradable con una gran fuente. A continuación, es preciso pasar encima del antiguo ferrocarril que daba la vuelta de París y seguirlo rumbo a la estación del Puente Cardinet.
En este punto, se ve una colección de edificios nuevos, y se sabe por las grúas que todavía están construyendo otros.

Luego el camino pasa en medio de zonas de obras para llevar a la entrada del nuevo jardín instalado en una zona liberada por la demolición de varios depósitos.
Cuando llegué allí, ya eran las once y el jardín estaba muy concurrido, con familias y deportistas. Yo seguí el camino principal rumbo al estanque en donde se instalaron los patos. Luego es preciso usar unas escaleras para pasar encima de las vías de ferrocarril y llegar a la segunda parte del jardín. Pero desde la plataforma superior, merece la pena pararse un rato para admirar el nuevo edificio del ministerio de la justicia.

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Alto de 160 metros, este edificio se halla en una de las puertas de París y el símbolo no tiene desperdicio. Desgraciadamente, sólo se trata de un símbolo y dicen algunos que desplazarse dentro de este edificio es una auténtica pesadilla.
Tras admirarlo desde la plataforma, pasé al pie de edificio y, curiosamente, no resulta aplastante. Pero desde este punto, solo se ve una decena de plantas. Luego crucé la avenida de la puerta de Clichy y, caminando entre las obras, renuncié a sacar más fotos.

El recorrido sigue por una calle bordeada de construcciones sociales. Todas tienen un diseño interesante, pero, por lo visto, algunas envejecen mal.
Luego la senda pasa al lado de las instalaciones deportivas de la puerta de Saint Ouen, rodea el hospital Bichat y continua al lado de las instalaciones deportivas de la puerta de Clignancourt.
¡Continuará!

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