Caminando por París con Caol

Ir al contenido | Ir al menú | Ir a Buscar

15/01/2017

La fortaleza de Bercy

A final de los 80s, el ministerio de hacienda tuvo que abandonar el espacio que ocupaba en el Louvre para instalarse en lo que los parisinos llaman la fortaleza de Bercy.
Lo primero que se ve es el edificio monumental perpendicular al Sena y que tiene 360 metros de largo.
Su extremo suroeste salta por encima del quai de la Rapée, zona de tremendo tráfico automóvil ya que allí llega la autopista del Este. Este extremo también tiene acceso al rio y a las motoras del gobierno. Su extremo nordeste salta por encima de la calle de Bercy para comunicar con el otro gran edificio que bordea los carriles de la estación de Lyon.

Para bien marcar la frontera entre el ministerio y el espacio público, crearon un foso inaccesible desde fuera y una entrada monumental que evoca los antiguos puentes levadizos.
En el foso instalaron un jardín a la francesa, con estatuas y fuentes, pero ningún oficinista se atreve a disfrutar de este espacio.

Últimamente, mis actividades laborales me llevan a pasar regularmente por este sitio así que aquí vienen unos detalles acerca de este recinto parisino.

Sobra decir que el ciudadano de a pie no entra por el “puente levadizo”. La entrada de servicio se halla en la calle de Bercy en donde hay que enfrentar el inevitable control (parecido a los controles de los aeropuertos) y tras dejar un documento de identidad uno puede entrar.

Lo primero que se ve es la larga calle interior que comunica las entradas de los edificios principales. Al fondo, una última reja protege el patio de los ministros y el espacio de las conferencias.

20170113.jpg

En alguna ocasión tuve que pasar todo el día en una sala de reunión ubicada en medio de un edificio, sin ventanas ni luz natural. ¡Vaya tortura!
También pude probar el comedor cuyas ventanas dejan ver el jardín del foso. Y, por supuesto, ya pasé por varias salas de conferencias.

Confieso que me gustan algunas de las obras de arte monumentales exhibidas en estos espacios, pero el discurso de los altos cargos pronto borra este placer y tengo que hacer muchos esfuerzos para no enojarme al escuchar las tonterías que nos sirven. El último que escuché hizo toda una presentación para explicarnos que las nuevas generaciones yo no quieren contrato de trabajo indefinido y prefieren la libertad de auto-empresario. ¿Quién puede creer que los jóvenes reivindican la precariedad que provoca esta situación?
Y no faltan los ejemplos de discursos tontos...
Cuando paso por Bercy, siempre planeo algo agradable para olvidar la rabia que me dan.
El pasado viernes, probé un restaurante en la plaza Dausmesnil con una amiga y luego hicimos un paseo rumbo a la plaza de la Nación para digerir...
Lo único bueno de estas visitas es que despiertan la parte rebelde de mi cerebro.

8/01/2017

Estrenos

Este año, poco tiempo tuvimos para digerir los excesos de Nochevieja: fiesta el sábado, descanso el domingo y el lunes, a trabajar...
El frio y la lluvia me quitaron las ganas de meterme en largos recorridos pero este fin de semana pude retomar el ritmo andariego.

Para empezar, fue preciso asesorar al hijo de un amigo en el proceso de comprar un piso. El precio medio dentro de París ronda 8600€ por metro cuadrado y queda básicamente inasequible para dos tercios de los parisinos. Entonces, como mucho, el joven empezó visitando pisos de las ciudades que rondan París.
Ayer tocaba visitar un piso en la ciudad de Bagnolet, a 10 minutos andando de la estación de metro de la zona.
Nada más cruzar la frontera del bulevar periférico, en la puerta de Bagnolet, las construcciones pierden esta homogeneidad característica de París. Uno entra en el universo de los coches y de los atascos. En la zona del piso que visitamos, se ven casas individuales e inmuebles de tres o cuatro plantas. El piso se halla en un edificio correcto, tiene 42 m2 y buenas proporciones, orientación sureste y basta limpiar y pintar antes de instalarse. Además, sólo piden 3821€ por metro cuadrado...
Por cierto, se halla a un kilómetro de los límites de París, pero eso no impide disfrutar de la gran ciudad...
El joven también había visitado un piso en el distrito XIX: 22 m2 con jardín de 15m2 por 220.000€.
Ahora estará estudiando las opciones, pero a mí me asustaron los precios anunciados.

Cambio de ambiente hoy, en la frontera del distrito XIX.
Unas semanas atrás, tras una charla muy interesante, uno de los directores del 104 me regaló dos entradas para una exposición titulada “Erase varias veces…” y aproveché un domingo nublado para visitarla.
No sabía de qué iba la cosa y en estos tiempos de tensiones entre las religiones me asombró constatar que esta exposición presentaba relatos del Antiguo Testamento.
Dibujos sencillos, pinturas, letras, palabras y la voz de un comediante para contar las historias... Me gustó la instalación que cada uno podía recorrer a su ritmo. Tras explorar varias salas en la segunda planta de la nave Oeste, era preciso seguir el pasillo sur de la nave Este, para admirar los dibujos colgando del techo. Luego tuvimos que enfrentar la escalera de una torre en donde presentaban la última parte de la exposición dedicada a la torre de Babel.

20170108.jpg

Me encantó la visita de esta exposición y la exploración de la torre.
El único defecto del 104 es la librería que alberga y en donde se esfumaron los ahorros de Enero :-)

1/01/2017

... de circunstancias ...

2017.jpg

25/12/2016

Encuentros, desencuentros, reencuentro.

Esta historia empezó unos meses atrás, cuando visité el taller de alfarería de Raphaële, con la idea de pedir informaciones acerca de las clases que propone. Al visitar el local, noté una escultura de cabra que me pareció muy bonita. Como preguntaba a la dueña si era una de sus creaciones, me dijo que sí y precisó enseguida que este objeto era muy diferente de lo que solía hacer, y que no quería venderlo porque de alguna forma lo veía como un tótem.
Conseguí las informaciones que me interesaban y me marché.

20161225.jpgAl principio de noviembre, pasé por una tienda efímera, armada por tres mujeres artistas para vender sus producciones. Y en el escaparate, vi de nuevo la estatua de cabra.
A diferencia de los demás objetos, no había precio al pie de la cabra y cuando entré para preguntar, la artista presente no sabía si la estatua estaba presentada para decorar el escaparate o para encontrar un nuevo propietario.

Una semana atrás, pasé de nuevo por esta tienda y Raphaële me enseñó su estatua, regalándome ,de paso, anécdotas acerca de su fabricación. Este objeto me gustaba pero el precio anunciado merecía algo de reflexión, y más aún con los gastos de fin de año.

El pasado viernes, entré en la tienda para saludar a la artista que más conozco (la pintora) y con la idea de comprar la estatua. Cuando le pregunté donde estaba la cabra, me contó que se la había llevado un cliente de paso. Me decepcionó, pero también pensé que el azar había decidido que esta obra no me correspondía. ¡Así es!

Y ayer, por la noche, el duende navideño me entregó un enorme paquete y me dijo con una carcajada: "es una máquina de coser".
Me sorprendió porque ya tengo una de estas máquinas que yacen, abandonadas, al fondo de algún armario. Pero picó mi curiosidad y empecé a abrir el paquete. Nada más quitar un trocito del papel de regalo, divisé los cuernos de la cabra...

Y de repente entendí que el cliente de paso formaba parte del sortilegio armado por el duende con el apoyo de las tres hadas...
Ahora sólo falta encontrar un espacio adecuado para esta nueva divinidad doméstica.

18/12/2016

Preparando Nochebuena

¡Ya estamos con los últimos preparativos navideños!

20161215.JPG En mi instituto, en el espacio reservado para las ventas de medodía, vimos pasar vendedores de marroquinería, de chocolates, de foie gras, de dulces, de joyas, de juguetes...

No recuerdo todo, pero sé que no proponen vinos o alcoholes.

Total hice una expedición con una vecina, rumbo al distrito XI, para recoger los encargos de Champagne que hicimos unos meses atras. Y lo demás sé que lo encontraré en el mercado de mi pueblo de Borgoña.

El miércoles al amanecer, me sorprendió el canto de un mirlo. No sé si fue por la luna llena o por las luces de la gran ciudad, pero este pajarito me pareció algo desfasado. Lo bueno fue que me alegró el paseo.

El jueves, al atardecer, pasé por una calle que se halla cerca de mi piso precedente y constaté con alegría que el hombre que vive en una antigua tienda seguía instalando su belén con figuritas de provenza.

Pero lo más asombroso de la semana se hallaba en una modesta calle de mi barrio en donde instalaron un árbol de los deseos.
El colectivo que cuida este trocito de ciudad, había invitado a los vecinos, para que escriban sus deseos en papelitos de color. Cuando pasé por allí, la reunión ya estaba acabada, pero pasé un ratito escudriñando los deseos colgando del abeto comprado por el municipio.
"Quiero paz en el mundo",
"Quiero amor",
"Quiero regalos".
El que más me gustó decía:
"Quiero masa de modlar" (sin e)

¡Espero de corazón que alguién cumpla este deseo!

- página 2 de 105 -