Caminando por París con Caol

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21/04/2019

¡Me duele!

El lunes por la noche, ya estaba en casa cuando me enteré del incendio de la catedral de París al escuchar mi radio de siempre. El periodista parecía preocupado por la amplitud del fuego, pero era imposible imaginar lo que me enseñaron las imágenes encontradas en Internet.

Yo no formo parte de los beatos, más bien de los anticlericales empedernidos, pero Notre-Dame es una iglesia muy especial, en donde se nota el trabajo del artista-artesano en un montón de detalles. Así que, para hacerme una idea del acontecimiento, caminé cuesta arriba por la colina de Montmartre y llegué a la plaza del Sagrado Corazón. Desde este punto se veían muy bien las llamas devorando la estructura del tejado y como centenas de personas, me quedé de pie, escudriñando los progresos del fuego y de los bomberos.

Justo a mi lado había una mujer, medievalista, muy preocupada porque había tenido la oportunidad de admirar la colección impresionante de vigas que soportaban la flecha y el tejado. Me explicó que las ojivas permiten instalar un techo interior que, normalmente, protege el interior de la nave de los incendios de la parte superior. Entonces empezamos a esperar que las ojivas sigan de pie y que los bomberos acaben con este fuego.

Al anochecer, desde la colina de Montmartre, el incendio se hizo más evidente. Los bomberos ya habían compartido sus inquietudes acerca de la estructura del edificio y todos empezamos a temer que las torres se derrumban. Yo no quise ver este espectáculo y volví a casa.

Al día siguiente, al despertar, descubrí con alegría que las torres seguían de pie. Pero a pesar de la avalancha de noticias que pude consultar, hacerse una idea de la amplitud de los daños resultaba imposible. Así que al salir de casa hice un desvió para pasar al pie de la catedral.

Cuando llegué al puente de Saint Michel, constaté que el acceso a la plaza de Notre Dame quedaba prohibido. Seguí por la orilla izquierda y constaté que varias mangueras de incendios seguían activadas. Las torres no parecían muy lastimadas y el gran rosetón de la fachada Sur seguía entero.
Seguí dando la vuelta alrededor de la catedral por le puente de la Tournelle y luego por el quai d’Orléans y lo que más me impacto fue la cantidad impresionante de equipos de periodistas procediendo de todo el mundo para comentar el acontecimiento. Yo saqué algunas fotos antes seguir rumbo a la orilla derecha y la estación Saint-Paul.

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El martes, uno estimable profesor de musicología (que forma parte de mis vecinos) me contó que el organista de la catedral estaba desesperado porque si el magnífico órgano de Notre Dame no fue destruido, fue considerablemente lastimado por el agua de los bomberos y necesitará una renovación de varios años.

Luego, cada día llevó su cuenta de malas y buenas noticias.
La peor de todas fue escuchar al niño caprichoso que vive en el palacio del Elíseo, decir que la reconstrucción tardaría cinco años.
La mejor fue escuchar a esos propietarios de bosques que propusieron regalar las vigas de roble necesarias para reconstruir el tejado.
¡Este pueblo nunca se rinde!

14/04/2019

Con sol fresquito

Después de varios días de mucho trabajo y de muchos compromisos, quise dedicar este fin de semana a esos recorridos que tanto me gustan. Y como no quería correr el riesgo de topar con algún grupo de chalecos amarillos, seguí paseando por el distrito XV.

Mis recorridos empezaron rumbo al Este a partir de la estación de metro Convention.
El sábado organizaban una venta de objetos de segunda mano así que pude hacerme una idea de la sociología del barrio al mirar los puestos: objetos de diseño o de buen nivel cerca del metro, trastos de todas clases al acercarse de la zona de viviendas sociales que bordea los carriles de la estación Montparnasse.
Percibí la misma sensación de barrio de buen nivel económico al pasar de nuevo allí esta mañana y al contemplar las mercancías del mercado dominguero. Luego un sencillo vistazo hacia las estadísticas me confirmó lo que intuía: los ingresos en el distrito XV son 50% más elevados que en mi modesto barrio.
Yo aproveché esas visitas para comprar una serie de colgadores y para probar un delicioso pastel de naranja.

Las calles que seguí rumbo al Norte me llamaron la atención esencialmente por la presencia de varias torres, justo al lado de construcciones de otros siglos. Preferí seguir por el Bulevar Pasteur, rumbo al distrito VII y pasé por la muy tranquila avenida de Breteuil, en donde el único almacén es una droguería.
En el césped central, dos equipos de jóvenes bien educados estaban jugando frisbee mientras algunas mujeres paseaban con sus perritos.
Al pie de la iglesia de los Inválidos, una treintena de dueños de coches de colección comparaban los accesorios de sus tesoros.

Seguí rumbo al norte, crucé el Sena y así fue como pude pasar un rato mirando la fila impresionante de los corredores del maratón de París. En este punto, un grupo de tambores estaba tocando para animar a los deportivos y regalarles un ritmo festivo.

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En los Campos Elíseos, el tráfico automóvil estaba prohibido y los policías intentaban controlar el paso de la gente. Yo seguí rumbo al Norte y al pasar al lado de San Agustín constaté que todavía quedan grupos de católicos que celebran el domingo de Ramos.

Al llegar a la plaza de las abadesas, noté otro mercadillo de segunda mano, pero supe resistir a las tentaciones :-)

7/04/2019

¡En abril no quites fil!

Ya estábamos disfrutando de la primavera cuando la temperatura pasó brutalmente de unos diecisiete grados a unos cinco, confirmando una vez más el refrán. Y como si fuera poco también tocó aguantar varios chubascos.
Pero eso no me quito las ganas de seguir visitando la ciudad de las luces y aproveché un rayo de luz para pasear por el distrito XV.

Mi recorrido empezó en la estación de tranvía “Pont de Garigliano” y caminé rumbo a la puerta de Versalles.
En esta parte de los bulevares exteriores se ven viviendas sociales por un lado y edificios de las instituciones militares por el otro. Sobra decir que con este vecindario no se ven mucha vidilla en la calle...
Algunos de los edificios tienen un diseño muy bonito, pero al ver todos estos carteles “prohibido sacar fotos” y todas las cámaras de vigilancia, no me arriesgué a transgredir esa regla.

20190407.jpgLuego seguí por la calle Desnouettes, en donde la compañía de metro hizo construir un curioso edificio de oficinas en el número 43bis. Si la forma imaginada por el arquitecto Emmanuel Saadi me pareció interesante, no me gustó este color verde, inútilmente llamativo.
Más adelante visité un jardín público que se halla en medio de una manzana y al ver la gente que frecuenta este sitio, pensé que la vida en este barrio debe de ser muy agradable.

Seguí rumbo a la calle des Morillons, famosa porque alberga el sitio en donde, con mucha suerte, uno puede encontrar un objeto perdido en París. Si la institución estaba cerrada, el parque Georges Brassens con su vestido de primavera ya acogía a muchos parisinos con ansias de naturaleza.

Yo visité una ferretería en donde encontré una selección de utensilios muy bonitos y pasé un rato charlando con el dueño que ya sabía que la ferretería Royer cerró definitivamente. Y seguí por la calle de Castagnary en donde constaté que destruyeron el edificio que albergaba el mercado de productos del mar ;-(

Seguí rumbo al norte y me paré en la pequeña tienda que el chef Cyril Lignac instaló en el bulevar Pasteur. Yo escuché varios programas de radio con este señor y siempre aprecié su entusiasmo, pero nunca había probado una de sus producciones. Me dejé atrapar por un pastel de avellana, básicamente exquisito, y eso fue una agradable conclusión después de varias horas caminando :-)

31/03/2019

Primavera...

¡Por fin tenemos un tiempo primaveral!
Si al salir de casa por la mañana el jersey sigue imprescindible, al volver por la tarde es preciso guardarlo en la mochila y sacar las gafas de sol.

Aproveché uno de estos atardeceres para seguir explorando el distrito XII y más precisamente los callejones sin salida que comunica la calle de Reuilly. Pero llegué demasiado tarde para poder entrar como si estuviera buscando algún taller. A pesar de la hora pude recorrer el pasillo que llaman “Square Saint-Charles”, con el muro de una escuela por un lado y el patio ajardinado de una inmensa residencia por el otro. La gente que vive en este sitio no tendrá problema para llegar a fin de mes.

El jueves tuve ganas de pasar por los jardines del palacio real y con gusto constaté que las magnolias ya tenían su vestido de flores rosas. Desgraciadamente, cuando pasé allí el jardín permanecía cerrado y no pude acercarme a los árboles. Por la noche pasé al lado del parque des Buttes-Chaumont, ya invadido por los parisinos en busca de los últimos rayos de sol.

Pero la mejor imagen de la primavera parisina es la que pillé en el parque de Bercy.

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Ayer tuve la grata sorpresa de constatar que mi calle ahora forma parte de una zona “París respira”, lo cual significa que impiden el tráfico automóvil entre las 11 de la mañana y las 18. La verdad es que no tener el ruido de los coches y de las bocinas es muy agradable.

Hoy tocaba retomar el circuito de los mercadillos.
Pasé primero por el bulevar de Belleville en donde los ciudadanos de a pie proponían sus trastos en la acera o en algunas mesitas. En estos casos, cuando ya no tienes espacio en los armarios, es preciso definir una búsqueda precisa para no volver con un montón de cosas inútiles. Yo decidí que buscaría bolas decorativas para barandilla de escalera.
Sobra decir que no encontré objetos de este tipo en este mercadillo.

Luego caminé rumbo a la iglesia Saint Ambroise en donde organizaban otro mercadillo con anticuarios y profesionales. Las carpas instaladas ocupaban setecientos metros en una de las aceras del bulevar Voltaire. Eché un vistazo a todas las instalaciones, pero el único que me pareció interesante (un objeto de madera con forma de huevo) resultó fuera de presupuesto.
Total, fueron varios kilómetros sin gastar un duro.

Y ahora toca escoger los paseos de la semana que viene...

24/03/2019

El túnel de los artesanos

Descubrí la existencia del túnel de los artesanos al leer una publicación de uno de los guías conferencistas que conozco. Enseñaba varias fotos asombrosas e invitaba a firmar una petición para salvar este espacio. Sobra decir que todo eso picó mi curiosidad y empecé a buscar más informaciones acerca de este espacio, empezando por su dirección.

La entrada del túnel se halla al extremo Este de la calle Baron Le Roy, en el distrito XII.
La primera vez que encontré esta entrada, no me atreví adelante: era un domingo por la mañana y no se veía mucha vida. Así que preferí volver entre semana.

La segunda visita fue más provechosa.
No había mucha actividad, pero por lo menos pude divisar el taller de un herrero, una tienda que vende aceitunas y los camiones de un distribuidor mayorista de carne. Seguí rumbo al final del túnel que se halla al lado del Sena, notando de paso, el cartel de una tienda de vinos. El ruido del tráfico automóvil exterior me impresionó así que volví a la entrada. Pero no encontré los lugares enseñados por las fotos de mi conocido.

Buscando informaciones, descubrí que este lugar forma parte de la antigua estación frigorífica de Bercy y que allí llegaban los vinos destinados a los antiguos almacenes destruidos en gran parte para crear el jardín. La estación contaba con varios túneles, pero él de los artesanos es el único que sigue con actividad. Los demás túneles necesitarían reforma y de momento permanecen cerrados.
También descubrí que hay un proyecto de construcción de torres, en esta parte de París, y eso implica desahuciar a los artesanos y destruir el túnel. Varios grupos actuan para proteger este espacio y noté que organizaban una manifestación el sábado por la tarde. Así fue como decidí que tenía que hacer una tercera visita ese día.

Al llegar, noté a un señor que estaba trasladando árboles desde el túnel hacia la entrada. Empezamos a hablar y después de explicarme que formaba parte de los artesanos del túnel, me explicó que los servicios del ayuntamiento decían que sólo unos veinte artesanos seguían trabajando en este lugar para conseguir su demolición. Pero precisó que en la planta superior una centena de empresas tenían sus locales. Me dio indicaciones para descubrir otra parte de las instalaciones. Prometí firmar la petición y entré en el túnel para una tercera visita.

La verdad es que la segunda salida de seguridad da acceso a un curioso camino de ronda, igual al de las fotos que me habían llamado la atención

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No sé si preservarán por lo menos una parte de este trozo de la historia de París pero en cuanto volví a casa firmé la petición.

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