Caminando por París con Caol

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3/06/2018

Una carta del hemisferio sur

Hace poco me llegó una carta procedente de Buenos Aires: “Hola Caol, en 2014 nos llevaste a conocer hermosos lugares de Paris en especial los pasajes, estaremos nuevamente en Paris en junio, nos gustaría poder realizar contigo el recorrido que nos propongas.”
En 2014 se trataba de un paseo organizado por la asociación de los parisinos y me alegró aprender que estos paseantes tenían ganas de probar otro recorrido. Total, pensé que ya era hora de concebir el paseo que quiero hacer por el Este de París. Y avisé que, si no les molestaba estrenar un recorrido, podría proponerles algo.
Ahora llevo varios días calculando los sitios por donde quiero pasar y lo que quiero enseñar. Pero también necesito visitar de nuevo estos lugares y encontrar caminos para enlazarlos, y eso necesita tiempo.

Esta semana exploré la zona de la calle de Bagnolet y las callecitas que comunica. Poco tiempo después de empezar la exploración tuve la suerte de encontrar una reja mal cerrada al principio de la Villa Godin y aproveché la oportunidad de visitar este rinconcito que todavía no conocía.

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Seguí el estrecho pasillo y su vegetación exuberante y descubrí una sucesión de casas de tamaño modesto, pero globalmente muy bien cuidadas. La senda apenas tiene dos metros de ancho y 135 metros de largo. Cuenta con una pequeña escalera para llegar a las parcelas que se hallan al pie de la muralla del cementerio del Père Lachaise.
Me impresionaron las colecciones de rosas, así como algunas clemátides. Si la ausencia de coches es algo muy agradable, también noté que se escucha muy bien las charlas de los vecinos y no sé si la convivencia diaria es tan fácil. Pero no hice preguntas y me marché de puntillas.

A continuación, pasé por la calle Lesseps y al final encontré el jardín natural Pierre Emmanuel. Al entrar en este espacio uno tiene la sensación de caminar por un bosque y resulta muy agradable porque se escucha el canto de varios pájaros. Uno llega así a una parte que se parece a un prado y llega a la calle de la Reunión.

Aquí se halla una discreta entrada del cementerio. Entré, subí las escaleras y constaté que eso me llevaba muy cerca de la “pared de los federados”. Pero volví a la calle de la Reunión y a la exploración del barrio.

Recorrí la calle Lignier muy bien cuidada por sus habitantes antes de seguir rumbo a la cité Aubry y a la Villa Riberolle.
La villa Riberolle cuenta con varios talleres, más o menos transformados en viviendas. Noté a mano derecha un grupo de jóvenes esperando delante de un estudio de danza y varios locales de cultura alternativa.
Al salir de este sitio, seguí por la cité Aubry y descubrí un gran jardín compartido. Desgraciadamente estaba cerrado así que decidí que ya tenía mi cuenta de exploraciones y apunté que tengo que pasar por allí otra vez.

27/05/2018

Les “frigos”

Inicialmente, el edificio que los parisinos llaman “les frigos” era una instalación industrial de la sociedad de ferrocarriles. Se trataba de una gigantesca nevera que servía para conservar los productos alimentarios que los trenes llevaban a París. Con el traslado del mercado alimentario desde el centro de París hacia Rungis, este sitio ya no tenía utilidad y el edificio se quedó abandonado durante una quincena de años.

La sociedad de ferrocarriles aceptó que una primera generación de artistas invadiera una parte del sitio en los años 1980s. Luego delegaron la gestión de este edificio a una sociedad inmobiliaria y en pocos días unos dos cientos creadores y empresarios consiguieron un local.

Estos pioneros tuvieron que gastar tiempo, energía y dinero para transformar estos espacios en talleres, pero participaron a una aventura colectiva inédita y ahora viven en un entorno alternativo muy estimulante.
Desgraciadamente, estos inquilinos consideran que se trata de lugares de trabajo y no se aceptan las visitas, excepto durante las jornadas puertas abiertas a finales de mayo. Así que ayer aproveché esta apertura excepcional para explorar por primera vez el interior de este asombroso edificio.

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Nada más entrar, el primer contacto con la instalación despista el visitante. No tenían plano de las diferentes plantas así que tuve que progresar al azar. Total, para empezar, enfrenté las cinco plantas de la escalera B y llegué a un pasillo que comunica varios talleres.

El primer sitio que me llamó la atención fue el taller de France Mitrofanoff. Es un espacio relativamente grande, en donde presenta pinturas monumentales cuyo único color es el negro. Pero también hay obras más alegres y el taller, con su sofá central, desprende un ambiente muy apaciguador.

Luego pasé por los talleres de dos escultores que me interesaron mucho menos, antes de bajar rumbo a la cuarta planta. Allí me gustaron los dibujos parisinos de Guillaume, así como algunos detalles presentados en el local de una escuela de teatro, las pinturas de Bénédicte Dussère y el universo muy gráfico de Sacha Schwarz.

En la tercera planta, pasé un gran rato en el espacio de Paella, al artista que dibujó el cartel de las puertas abiertas.

En la segunda planta, aprecié las pinturas de Mireille Cambau, noté varios talleres dedicados a la producción de prendas antes de pasar un rato escuchando un tema original de un quinteto de Jazz.

En la primera planta, aprecié el trabajo de Grazyna Temizewska, pero ya había agotado mi capacidad de interesarme a las demás producciones artísticas.Total, me senté un rato en la terraza del café-galería antes de abandonar este sitio a los 6000 visitantes que suelen atraer las jornadas puertas abiertas

20/05/2018

Los jardines compartidos

No todos los parisinos pueden vivir en una linda casita con jardín incluido. Total, cada vez que las evoluciones urbanas dejan aparecer un baldío, los vecinos intentan apropiarse la parcela para transformarla en jardín compartido. Generalmente es preciso crear una asociación y firmar un contrato de ocupación precaria. Pero cuando esta precariedad se prolonga una decena de años, deja tiempo para desarrollar un bonito jardín.

Cerca de mi casa existen varios espacios declarados como jardines compartidos.
La asociación “la goutte verte” cuidaba un gran baldío en la calle Cavé, pero cuando empezaron las obras, tuvieron que trasladar los vegetales hacia un terreno de deporte desocupado. La asociación “la table ouverte” también se trasladó desde el terreno dedicado a un centro musical, rumbo al terreno de la antigua mezquita.Y la asociación “Le bois Dormoy” consiguió salvar su pequeño bosque de las excavadoras.

Estas asociaciones cuidan espacios cerrados, y si no eres socio de su estructura, las visitas informales resultan casi imposibles. Algunas dejan ver la parcela desde la calle, otras la esconden y el trato de los visitantes también es más o menos acogedor...

A lo largo de mis ciberpaseos, encontré la página de un jardín asombroso y pensaba que estaba en las afueras de París. Quise visitarlo y cuando miré la dirección, constaté que se hallaba en el distrito XIX. Total, me fui caminando rumbo a este sitio.

El jardín se halla en el centro de la parcela que ocupaba el antiguo hospital Herold, pero si no te atreves a pasar por la calle Francis Ponge, no te enteras de su existencia.
Se trata de un jardín público y lo primero que se nota son los espacios dedicados a los niños.
Luego, al adentrarse, uno descubre la parte que cuida la asociación.

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Me encantó constatar que esta parte no se esconde detrás de rejas y tiene los mismos horarios de acceso que el jardín público. Cuando pasé por primera vez, sólo vi a una señora recogiendo los desechos abandonados por unos sinvergüenzas, pero pensé que no formaba parte del equipo del jardín compartido.
Cuando volví allí, el sábado por la mañana, encontré a tres señoras instaladas en la parte compartida del jardín y conversando. Una de ellas abandonó a sus compañeras para presentarme el jardín compartido.
Me contó que cada persona que lo pide puedo conseguir un metro cuadrado para instalar las plantas que quiere y me enseño su propio cuadrado. Me mostró las plantas, me contó sus virtudes, me hizo sentir algunas hojas, mirar flores...
¡Si viviera más cerca de este sitio, con gusto me apuntaría a esta asociación!

Cuando me despedí me precisaron que suelen estar en jardín los sábados.Espero el próximo día de sol para visitarlas de nuevo.

13/05/2018

París sin dinero

Para quién anda cortito de dinero, recorrer las sendas parisinas resulta una diversión a la vez barata e instructiva. Total, retomé el librito de la senda que da la vuelta de París y seguí explorándola.

Al final de la precedente sesión, había llegado a la puerta Maillot después de caminar por el Bosque de Boulogne. Uno de los autobuses que pasa al lado de mi casa me llevó al arco del triunfo y a partir de allí seguí la avenida de la gran armada rumbo al punto de salida de la senda en la puerta Maillot, y después de pasar al pie del palacio de los congresos y encima del periférico, encontré las marcas de la senda 2024 a mano derecha.

El primer tramo pasa entre unos edificios modernos normalitos y el periférico, y no me pareció muy interesante. Pero a quinientos metros del punto de salida, la senda abandona las calles para seguir el paseo Bernard Lafay.

Este paseo, muy bien acondicionado, camina entre una zona de viviendas sociales e instalaciones deportivas. De paso uno descubre el pequeño jardín Lucien Fontanarosa, antes de llegar al jardín Jacques Audiberti en donde una tumbona instalada en medio del césped invita a convertirse en lagarto. A continuación, pasé por las terrazas del jardín Lily Laskine antes de llegar a una zona que se parece a un pequeño bosque oblongo con dos sendas, una con sombra y la otra con sol. Ambas sendas comunican una zona de instalaciones deportivas.

Al cruzar la calle de Courcelles, se ve el edificio moderno que alberga el conservatorio municipal Claude Debussy. El recorrido sigue a lo largo de viviendas sociales y terrenos de deporte primero al Oeste del periférico y luego al Este.

Esta parte del sendero se acaba en el pequeño jardín Claire Motte, escondido en medio de una manzana.

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En este sitio, me paré a dos metros de un chochín común, cuyo canto es muy alegre y tiene una potencia sorprendente para su tamaño.

Luego abandoné la senda 2024. Pasé al lado de los talleres de la ópera y al pie del nuevo edificio del ministerio de la justicia. Seguí por los bulevares Berthier, Bessieres y Ney en donde admiré las rosas del liceo Honoré de Balzac y constaté que las obras de instalación del tranvía están progresando. Espero que eso provoqué las mismas mejoras que en la parte Este de París.

Y ahora sólo quedan dos tramos de la senda por explorar. Continuará...

6/05/2018

Manifestaciones

Después de varios días de lluvia, el clima se puso suave precisamente a partir del día internacional del trabajador.

Yo aproveché este día para caminar rumbo al Marais, dar la vuelta de la plaza de los Vosgos y contemplar las nuevas producciones artísticas que proponen las galerías. Encontré algunas cosas que me gustaron, pero no cuadraban con mi presupuesto :-)

Luego pasé por la plaza de la Bastille y seguí el recorrido de la manifestación sindical, a lo largo del puerto. Al llegar al final de esta calle, noté la presencia de varias decenas de policías en el puente Morland y preferí escabullirme rumbo a la orilla del Sena porque tuve malas sensaciones. Y las noticias de la noche confirmaron que algunos grupos radicales provocaron disturbios.

Ya pasaron casi dos años desde la decisión de la alcaldesa de prohibir el tráfico automóvil por la orilla derecha y de acondicionar esta parte del muelle para los peatones y las bicis. Por cierto, los jueces escucharon a los opositores y cancelaron la decisión de cierre. Pero la alcaldesa no renunció, promulgó una nueva decisión y los parisinos pueden seguir disfrutando del espacio que bordea el Sena. Al recorrer esta zona noté varios sitios en donde sentarse tranquilamente para un picnic, dos barcos que proponen conciertos, bebidas y comidas, así como un espacio dedicado a los bailes de salón. Pero resistí a todas las tentaciones.

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Preferí seguir caminando rumbo al mercado de las flores en donde la primavera regala una variedad increíble de plantas y colores, resistiendo otra vez a todas las tentaciones.

Ayer, François Ruffin, recién elegido diputado, entre los “Insumisos”, convocó una manifestación bautizada “la fête à Macron”, para protestar contra la política del presidente galo. El desfile salía de la plaza de la ópera, rumbo a la plaza de la Bastille, pasando por la plaza de la República. Para quien conoce París, eso significa bloquear todo el tráfico automóvil entre el Norte y el Sur de París. Así que con gusto caminé por algunos bulevares sin coches rumbo a la plaza de la República y luego rumbo a la plaza de la Bastille. Después de los acontecimientos del pasado martes, la jefatura había convocado a dos mil policías para evitar los disturbios, cerrando todas las calles laterales y no hubo disturbios.

Yo no me quedé con los manifestantes y seguí otra vez por la orilla del Sena, en donde la gente seguía bailando.

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