Caminando por París con Caol

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31/05/2020

Más libertad para que no se enoje el pueblo...

Pensábamos que el gobierno anunciaría las nuevas medidas de desconfinamiento el pasado fin de semana, pero tuvimos que esperar hasta el fin de la tarde del jueves para conseguir informaciones. París y su región pasarán de zona roja a zona naranja, lo cual significa principalmente que se acaba el límite de cien kilómetros para los desplazamientos a partir del próximo martes.

Últimamente se notaban muchas tensiones en las calles: son muchos los que no pueden más con todas las restricciones de las libertades individuales y que contemplan las posibilidades de desobediencia civil. Y si se juntan, pronto llegamos a una situación insurreccional… Así que el gobierno no tenía otra opción que reducir las restricciones de desplazamientos, para empezar.
La buena noticia es que yo podré viajar hacia el centro de Francia para buscar la nueva gatita que compré con los ahorros del confinamiento...

Luego mencionaron el caso de los parques y jardines, cerrados por cuestiones sanitarias, cuando bien se sabe que la distanciación resulta casi imposible de respetar en el metro y en algunos autobuses… Eso también llegó al cerebro de los del gobierno y anunciaron la apertura de los parques a partir del sábado.

Yo seguí con mis caminatas del amanecer y del atardecer, constatando que se ve cada día más gente en la calle, y que muchos locales andan casi abiertos. En los restaurantes, puedes comprar comida y llevártela para comerla en casa, pero la sala permanece cerrada. En los bares, puedes pedir bebidas pero tienes que llevártelas o beberlas en la acera...

También pasé un rato muy agradable con una pareja de vecinos que no había visto desde varios meses. Comparamos nuestras estrategias de supervivencia en la fase más dura, casi sin desplazamientos y siempre en una zona de un kilómetro alrededor de casa. Luego me contaron que ya habían aprovechado el nuevo límite de 100 kilómetros para pasear por algunos bosques alrededor de París y ahora preparan las maletas para pasar varias semanas en la casa que tienen en Bretaña. Yo confieso que de momento no sé cuando podré marcharme de París unas semanas...

Ayer hice un largo recorrido rumbo a la plaza de la Nación y constaté que la manifestación para sostener a los sin papeles, aunque prohibida, caminaba por el bulevar Voltaire...
Hoy pasé por el híper centro de París en donde había mucha gente en el jardín del palacio real o en la orilla del Sena, pero en donde también podías contemplar la pirámide de Leoh Ming Pei, abandonada en el Louvre.

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Pasé un momento muy agradable en el mercado de las flores, ojeando rosales y clemátides. En el Forum, me impresionaron algunas colas delante de algunos almacenes, pero no compré nada y seguí rumbo arriba por la calle Montorgueil.

Dicen que muchos parisinos preparan las maletas para pasar unos días lejos de la capital. Bien veremos si lo hacen de verdad y si hay menos tensiones.

24/05/2020

Libertad punitiva

Aproveché esta segunda semana de libertad limitada para seguir recorriendo la gran ciudad.
El lunes caminé rumbo al jardín des Épinettes, cerrado por la pandemia. El martes di la vuelta del jardín des Buttes-Chaumont, cerrado por la misma razón y el miércoles tuve la misma experiencia con el parque Monceau.

En esta ciudad cuya densidad de población ronda 21000 habitantes por kilómetro cuadrado, imponer que los jardines permanezcan cerrados se parece a un castigo. Y más aún cuando estos vecinos acaban de vivir casi nueve semanas encerrados en menos de treinta metros cuadrados, superficie mediana que corresponde a cada parisino.

Yo no me quejo porque tengo una superficie más importante, con una logia que me deja ver el Sagrado Corazón. Pero al constatar que prohíben el acceso a los parques y jardines, mientras permiten el acceso a los supermercados o a las iglesias, me cuesta percibir la lógica de los bufones que dirigen este país.
Total, seguí soñando de naturaleza a través de las rejas de los jardines.

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Tampoco entendemos el límite de 100 kilómetros para los desplazamientos sin justificante. Y la repetición de la invitación a pasar las vacaciones en el territorio francés para reiniciar la economía empieza a fastidiarme.

Por suerte también se ven algunos elementos más positivos y, para empezar, en mi barrio, una proporción muy importante de la gente que está en la calle lleva una máscara. Por un lado, se ven los que lucen las máscaras fabricadas por los sastres del vecindario y que, a veces, hacen juego con el turbante y la camisa o el vestido. Por otro, se ven los que tienen bastante dinero para comprar mascarillas quirúrgicas desechables. Pero en ambos grupos, la manera de colocar las máscaras no siempre cumple con la norma.
Yo tengo ambos tipos de productos e incluso conseguí la máscara regalada por el ayuntamiento en la farmacia de la esquina. Pero prefiero escoger mis horas de salida para poder caminar sin máscara.

Entre los elementos de preocupación, toca mencionar la situación de todos los negocios que tuvieron que cerrar el 16 de marzo. Si me baso en lo que pude observar al pasar por la calle Saint-Maur, algunos dueños de tienda ya renunciaron y devolvieron las llaves de su local. Otros interpretaron las nuevas reglas e inventaron una actividad compatible. El tercer grupo estaba limpiando, remodelando o pintando la tienda con la esperanza de volver a trabajar el 2 de junio. No sé cuántas empresas tendrán una capacidad financiera suficiente para superar casi tres meses sin trabajar…

En mi instituto de siempre, también estamos preparando la vuelta, con una magnífica orden contradictoria: volver todos al campus ya, pero sólo si nos dan fecha… Así que seguiremos con el teletrabajo unas semanas más...
Y de momento no sé cuándo podré salir de vacaciones ☹

17/05/2020

Libertad con cordura

El primer día del desconfinamiento, amanecimos con lluvia y renuncié a mi recorrido matutino. Largo día de trabajo y a las cuatro de la tarde bajé a la calle para ver cómo iban las cosas fuera.
La primera cosa que me impresionó fue la cantidad de gente en las calles del vecindario. Pero también noté que casi todos llevaban una máscara. Yo me escapé de mi barrio y pronto aproveché el fin de los límites geográficos y horarios para seguir rumbo abajo hacia la iglesia de la Trinidad. Luego caminé rumbo arriba por la calle Pigalle y pasé al pie del Sagrado Corazón para volver a casa.
Al llegar, vacilé entre la alegría de este rato de libertad y el miedo de una nueva sesión de confinamiento.

El martes por la mañana, mi recorrido fue una vuelta al pie de la colina de Montmartre. Al atardecer, caminé rumbo a la calle de Paradis en donde venden un zumo de limón y jengibre que me gusta mucho.

El miércoles por la mañana pasé por la plaza de la república y caminé por la orilla del canal Saint Martin. Al atardecer, pasé por las tiendas del mercado Saint Pierre antes de seguir rumbo al cementerio de Montmartre y de pararme en una de las pastelerías de Arnaud Larher.

El jueves tuve ganas de ver el rio. Caminé rumbo abajo, pasando al pie del Centro Pompidou y de la torre Saint Jacques para llegar en la isla de la cité al nivel del mercado de las flores. Caminé por la orilla del Sena rumbo a la plaza Dauphine y a la punta Oeste de la isla. Luego quise pasar por el patio cuadrado del Louvre, pero estaba cerrado por obras. Seguí rumbo al palacio real: el jardín estaba cerrado, pero uno podía caminar por las galerías que lo rodean. Luego seguí rumbo al norte y pude entrar en el pasaje de los panoramas semi dormido. Luego fue cuestión de seguir rumbo arriba para volver a casa: mucho cansancio, pero la alegría de volver a encontrar la ciudad.

El viernes fue más tranquilo. El paseo matutino pasó esencialmente por el distrito IX y él del atardecer se acabó en la tienda de Larher, en donde compré una nueva preparación helada para compartir con los vecinos.

Ayer tocó resolver el tema de las compras y, luego, comprobar que podemos compartir el mismo abono de internet con uno de los vecinos para cultivar el descrecimiento.
Por la tarde hice un largo recorrido por la calle de Turbigo que se estira desde la plaza de la República hacia la iglesia San Eustaquio, antes de caminar rumbo arriba hacia la colina de Montmartre. Me asombraron varias colas delante de tiendas de ópticos, de prendas o de decoración, así como la despreocupación de la gente en algunas calles de los barrios “bobo”.

Y hoy hice otro recorrido muy temprano, por los distritos II° y III°. El choque surgió delante del escaparate de una librería del bulevar Beaumarchais.

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¡Ojalá sigamos con muchos libreros en el mundo después de la pandemia ¡

10/05/2020

Confinad@s (semana #8)

Empezamos la semana con una gran pregunta: ¿Confirman o aplazan el desconfinamiento? Y como la respuesta dependía de las cifras de la pandemia, tuvimos que esperar hasta el jueves y, mientras tanto, preparar más precisamente las modalidades de la vuelta al trabajo.
En mi instituto, confirmaron que mi equipo sigue teletrabajando para los que pueden, y en casa para los demás. Queda claro que la preocupación principal de la dirección es el reinicio de la producción y que todas las energías se enfocan en acoger a las centenas de empleados productores en nuestro campus.
Cualquier petición que no cuadra exactamente con este objetivo resulta inoportuna. Total, pasé horas explicando este contexto y bien veremos en los días que vienen si conseguimos mejoras.

Difícil entonces, pensar que se trata de nuestra última semana de confinamiento.

Yo seguí subiendo por la colina de Montmartre al amanecer y eso me regaló una visión muy rara de un Sagrado Corazón de color rosa.

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Escogiendo bien los momentos, pude resolver el tema de las compras sin hacer cola y aproveché el fin de semana alargado para hacer varias caminatas más o menos conformes con las normas del confinamiento.

Para empezar, pasé por el “paraíso de las modistas” y constaté que las tiendas de tejidos y mercería estaban abiertas porque venden los materiales necesarios para fabricar máscaras caseras. De paso constaté que las farmacias del vecindario ya recibieron máscaras quirúrgicas desechables y que proponen 50 máscaras por 40 euros...
Para mantener la moral, visité la tienda de Arnaud Larher en donde encontré varios pasteles riquísimos...
Hoy pasé por la pequeña calle del Norte en donde los vecinos instalaron varios rosales magníficos y, más tarde, por el mercado de L’Olive en donde los comerciantes estaban preparando la vuelta de la próxima semana.
Se ve que todos esperan el desconfinamiento...

Yo no tengo tanta prisa, pero me alegra la idea que ya no tendré que controlar las distancias y los horarios de mis recorridos cotidianos.
Si pude contemplar casi todos los días la ciudad desde arriba, también tengo ganas de pasear por la orilla del Sena o por las calles del Marais. Ya veré como van las cosas mañana con la vuelta al trabajo de todos los parisinos que no teletrabajan...

¡Ojalá el virus no pase por el metro!

3/05/2020

Confinad@s (semana #7)

Mientras esperamos informaciones acerca del desconfinamiento, quise añadir un elemento lúdico a mi entorno profesional: cada mañana de esta corta semana, mandé une foto sacada en el perímetro de un kilómetro alrededor de mi casa e invité la gente a adivinar el sitio presentado o el lugar en donde estaba para sacar la foto.
El lunes, dos personas identificaron el puente de la calle Riquet. El martes, puse la foto de una de las escaleras de Montmartre con una pista en el comentario asociado, y uno de los ingenieros acertó. El miércoles no encontraron de dónde había sacado esa foto del Sagrado Corazón.

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Y para bien acabar la semana, hice la misma pregunta con otra foto del Sagrado Corazón y propuse a la tropa de identificar la calle en donde Achbe escribe sus frases en la acera con una tiza blanca. Tuve varias respuestas, pero nadie acertó para ambas preguntas.

El martes fue cuando el primer ministro presentó su plan de desconfinamiento, y nos quedamos con tantas preguntas sin respuestas que eso provocó más inquietudes todavía. ¿Cómo viajar en metro en las horas punta sin máscaras? ¿Cómo evitar un caos de coches y de bicis con atascazo gigante? Y para los que tienen niños, ¿Cómo organizarán la vuelta a la escuela y las comidas de medio día?

A mí me tocó asistir a varias reuniones largas y pesadas, y proponer medidas de desconfinamiento para mi tropa. Pero con más de 80% del equipo teletrabajando, tenemos ya un funcionamiento casi normal y lo único que propuse fue proporcionar material a los que no pueden teletrabajar de momento. No sé si me harán caso, pero me parece la solución más sensata.

Por suerte el largo fin de semana me dio la oportunidad de olvidar toda esta agitación, de enfrentar la fiebre de temporada y de descansar.
El viernes, después de una larga noche, hice un pequeño recorrido por la colina y pasé el resto del día vagueando en casa.
Ayer hice el paseo de siempre y decidí aplazar las compras alimentarias.

Hoy amanecí sin fiebre y subí directamente al Sagrado Corazón.
En la calle de Achbe, no había frase en la acera. Más arriba, una pandilla de policías intentaba entrar en un edificio, pero ninguno de los inquilinos respondía a las llamadas.
Arriba, había una decena de personas contemplando París. Yo sacié mi mirada antes de bajar rumbo al norte.
Me equivoqué intencionalmente de calle y salí un poco del límite de un kilómetro. Luego seguí por algunas callejuelas que tenía olvidadas, y me paré para contemplar varios dibujos. Confieso que también transgredí la amplitud horaria 😊

Y ahora sólo falta regar las macetas antes de seguir con el último libro de Rosa Montero que compré: Los tiempos del odio.
¡Hasta pronto!

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