Caminando por París con Caol

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4/12/2016

Estrenando Diciembre

Se acabaron las rebajas del "Black Friday" pero seguimos en la temporada de las compras navideñas y de las iluminaciones por todas partes.
Yo experimenté el caos de las entregas de pedidos en internet. El repartidor pasó una primera vez y no encontró al portero. Total dejó sus papelitos en el suelo y cuando volví a casa, al leer el papelito que me tocaba, entendí que mi paquete estaba en una tienda bautizada "Madiba" al lado de mi casa. Allí estuve y me atendieron muy amablemente pero no tenían mi paquete. Al día siguiente la entrega fracasó otra vez por la mañana, pero cuando volví a casa, en internet consideraban el paquete como entregado. La solución se hallaba en la portería...
Lo bueno de estas disfunciones es que me daron la oportunidad de visitar una tienda que no conocía y que recibe las entregas en cualquier momento.

Esta semana también quise ver si habían iluminado el nuevo espacio comercial que se halla debajo de la "Canopée" en el hiper centro de París, pero no tenía ganas de topar con la muchedumbre buscando regalos de Navidad así que madrugué y, cuando llegué, el centro todavía estaba cerrado. Total pude admirar tranquilamente la alegoría gigante de árbol de Navidad instalada en el pozo central.

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Lo bueno es que no destruyeron un árbol para tirarlo después de usarlo como decoración efímera. Y con los leds, este tipo de instalación no necesita mucha energía.

También aproveché una mañana de libertad para pasear por la zona de la plaza de Italia.
Entré en el centro comercial, pero los escaparates estereotipados me fastidiaron y pronto salí.
En una pequeña calle pude encontrar una antigua papelería en donde tenían todo lo que necesitaba y seguí caminando rumbo al Sena por la acera Norte del bulevar Vincent Auriol. Desde este punto de observación, constaté que todas las construcciones del otro lado son edificios de gran altura separados por zonas ajardinadas. Y de repente entendí porque no me gusta este barrio tan aplastante para el peatón.

El viernes tocaba viajar rumbo a Borgoña para el fin de semana. En el tren del atardecer había mucha gente con bolsas de regalos. Yo también tenía un regalo en mi mochila: 3 kilos de cacahuetes para los herrerillos del jardín.
¡Apreciaron mucho!

27/11/2016

¡viernes de todas clases!

Ya llegó el momento de retomar el camino del centro nacional de los artes y oficios para estudiar la última parte del certificado de competencia que preparo desde octubre del 2015.
El año pasado, teníamos clases los jueves. Estuvimos en el sitio histórico del conservatorio para la primera parte y en el sitio de la calle des jeûneurs, en el distrito 2, para la segunda parte. Este año, tendremos clases los viernes y con gusto vuelvo al sitio histórico.
El nuevo grupo cuenta con una quincena de estudiantes. En la primera sesión el profe, cuarentón, empezó enseñándonos las estadísticas de éxito de los estudiantes del año pasado: 10% para la sesión de junio y 0% para la de setiembre. Dijo que demasiados estudiantes no controlan los conocimientos básicos y, para demostrarlo, propuso un ejercicio de evaluación.
Nuestras respuestas confirmaron su diagnóstico ya que la mayoría no supo contestar a la mitad de las preguntas (yo con los demás).
Confieso que este primer viernes fue un poco desalentador pero el tema no es tan complicado y quedan varios meses para solventar las carencias.

Y ahora toca celebrar el “black friday”, concepto importado de los Estados Unidos para describir la crisis de consumismo que ocurre el día siguiente del cuarto jueves de noviembre (Día de Acción de Gracias), y que los publicistas no se molestaron a traducir al francés.
Según parece, este rito empezó en 2014 pero en 2015 la campaña fue cancelada por los tremendos acontecimientos parisinos. La campaña de 2016 se nos cayó encima por sorpresa y de manera masiva.
Me llegaron varias centenas de mails de ofertas y, peor entre todos, un almacén llegó a mandarme más de diez veces el mismo mensaje...
Me cuesta evaluar los beneficios esperados de este bombardeo publicitario.
Para muchas personas, el presupuesto apenas da para los gastos cotidianos y no es ampliable. Así que aprovecharán las ofertas, pero no gastarán más dinero. Por lo menos, eso es lo que hice. Pero en uno de los almacenes, también noté que había cola para solicitar crédito...

Para bien acabar con estos días de remolino comercial, pasé por la zona del ayuntamiento del distrito 3, en donde organizaban un mercadillo de segunda mano.
En esta zona de clase media superior, descubrí dos nuevas tiendas.

La primera tienda propone prendas de segunda mano por un lado y objetos de decoración por otro lado. Reconocí la instalación de moda, que se ve en muchos lugares y tras dar una vuelta rápida, seguí rumbo a la segunda tienda.

Este espacio se llama “Empreintes”. Cuenta con varias plantas y presenta, en una instalación de tipo concept store, las creaciones de los artistas y artesanos de los talleres de arte de Francia.
Hoy, en la planta baja, presentaban objetos de decoración de madera, metal o cerámica. Noté un torso de caballo y otro de vaca, pero los precios me asustaron.
En la primera planta, pasé por la zona de cafetería en donde probé un café caro y que sabía mal, antes de seguir la exploración.

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Me gustó la presentación de platos colorados en la pared.También me gustó el tótem de madera presentado en la segunda sala.
En la segunda planta pasé primero por la zona de las joyas en donde noté varios objetos originales y de precio asequible. Luego noté varios prototipos de muebles, pero lo que más me gustó fue una alfombra fabricada por la manufactura de Borgoña. Desgraciadamente el precio de este magnífico objeto no cuadra con mi presupuesto.

Ahora sólo falta visitar los demás concept store de París…

20/11/2016

Momentos...

Mi semana empezó contemplando a los dormilones del tren de la madrugada. Viven lejos de París y aprovechan la hora y pico del trayecto para retomar el sueño abandonado mientras iban a la estación como sonámbulos.

El miércoles por la noche, una de las mujeres que asistían a las clases que doy en una asociación de mi barrio me preguntó cuándo se votaba para las elecciones presidenciales. Se había enterado de la organización de un voto en relación con la elección del nuevo presidente el próximo domingo, pero no había entendido que se trataba de seleccionar a un candidato. Yo le regalé unas aclaraciones factuales y se tranquilizó.

Ayer, en una escuela de mi barrio, formaba parte de los adultos invitados por los padres y madres para presentar su profesión a los alumnos de la secundaria. La asamblea contaba con varios profesionales del audiovisual, así como periodistas, informáticos, grafistas, ingenieros, trabajadores sociales, animadores culturales, agentes inmobiliarios... Pero también noté a una especialista de ergonomía, un agricultor (procedente del Suroeste) y un jardinero-conferencista.
Yo dediqué más de dos horas a explicar mi profesión a la treintena de niños que se pararon delante de mi mesa. La pregunta que más me asombró trataba de mis horarios de trabajo: ¿Cómo explicar que, en algunos oficios, los horarios no tienen tanta importancia? También me divirtió la niña que me preguntó qué había construido en mi instituto. Algunos se asustaron cuando hablé de matemáticas o de varios años estudiando después del bachillerato... La que más me conmovió fue esa chinita confesando que no entendía nada de ciencias y que cuando pedía aclaraciones a su profesor, entendía todavía menos. Yo intenté regalarle algo de confidencia en su capacidad de comprensión y un rato más tarde, volvió a mi mesa con unas compañeras extras.
Sobra decir que el ejercicio es básicamente agotador. Pero las sonrisas de los niños compensaron de sobra el cansancio.

Por la tarde hice un gran recorrido por el distrito VI. Al lado de la estación Port Royal, un grupo de personas arrodilladas ocupaba la acera para protestar contra el aborto. Pero por las demás calles de este barrio, se veían esencialmente personas saliendo de compras. Yo visité algunas tiendas que me gustan, pero los productos de la temporada no me interesan. Así que acabé en la calle de Bucy en donde hay un café que prepara chocolates a la vienesa muy ricos...

Hoy no pude resistir a la tentación de pasar por el colegio electoral de la primaria de la derecha. Cuando llegué había pocos votos y por las preguntas que hice creo que los asesores pensaron que controlaba el colegio para uno de los candidatos. Si supieran...

Luego aproveché el resto de la mañana para visitar algunas callecitas cerca de la calle Championnet en donde conservaron construcciones bajitas. Algunas tienen encanto pero basta con pensar con los enlaces de transportes para dejar de soñar.

Y ahora toca esperar el resultado de las primarias...

13/11/2016

Conmemoraciones

Viernes festivo por la conmemoración del armisticio de 1918: tuvimos de nuevo una semana corta. Yo aproveché este día de libertad para proponer un paseo a dos estimables visitantes de Asturias aunque con todos los cambios que provocaron la ley Macron o la ley del trabajo, ya no se sabe lo que está abierto o cerrado cuando hay un día festivo.

Ese día pasamos por el pasaje Choiseul. La reja no estaba totalmente cerrada así que tras vacilar unos minutos nos atrevimos a entrar y pudimos recorrer tranquilamente un pasaje cuyas tiendas estabán cerrada y en donde sólo cruzamos a dos japonesas.
Tuvimos la misma sensación a recorrer la galería Vivienne pero, degraciadamente, no pudimos entrar en la galería Colbert.
Empezamos a encontrar vidilla en la calle Montorgueil en donde el dia festivo y un rayo de sol se asociaron para llenar las terrazas de café. Y al llegar al mercado de los niños rojos, fue imposible encontrar una mesa para tomar un té. Finalmente fue un recorrido bastante raro, con sitios cerrados y otros abiertos sin explicación evidente. Mientras tanto, el presidente celebraba el armisticio al pie del arco del triunfo.

Ayer otra celebración ocurría en el Bataclan, la sala de conciertos de los atentados. El cantante Sting inauguró el sitio recién renovado con un primer concierto excepcional.
Y hoy instalaron placas en todos los sitios tocados por los atentados.
A mi no me gustan las conmemoraciones. Pero entiendo que estos actos sean imprescindibles para las victimas y sus familias.
Yo seguiré combatiendo el oscurantismo y cultivando la emancipación en cada esquina.

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6/11/2016

Otoño...

Aproveché el puente de Todos Santos para pasear por la ciudad abandonada por los parisinos.

El lunes enseñé el cementerio de Montmartre a un amigo. En este gran espacio lastimado por la construcción del puente de la calle Caulaincourt, varias personas estaban arreglando las tumbas mientras los empleados estaban recogían las hojas muertas. Hice una gran vuelta contemplando los colores otoñales de los árboles y saludando los gatos, auténticos dueños de este lugar.

20161101.jpgAl día siguiente, pasé al pie del Sagrado Corazón y me encantaron los colores otoñales de los árboles del jardín Louise Michel.

Por la tarde, caminando tranquilamente rumbo al nordeste, descubrí una librería-café-restaurante en el número 108 de la Avenida de Flandre. El sitio propone por un lado una selección muy correcta de libros y por otro hay mesitas para comer o tomar un café. Con gusto disfruté este momento de tranquilidad.

Más arriba, al llegar al extremo Oeste del parque de la Villette, noté un cartel indicando la dirección de una lanzadera fluvial gratuita para ir al centro comercial “Le Millénaire”. Eso picó mi curiosidad e hice cola para el viaje en barco.
Aunque corto, el trayecto me dio la oportunidad de descubrir una zona que están transformando para crear oficinas y viviendas. Luego visité el centro comercial y pude apreciar su diseño. Cuenta con dos niveles de tiendas, pero el uso de pasarelas para comunicar las tiendas de la primera planta deja ver el cielo y así la gente no se siente tan aplastada como en otros sitios.
Sobra decir que aquí encontré las tiendas de siempre pero también noté que varios locales quedaban desocupados.
Indagando en la prensa, descubrí que el centro fue inaugurado cinco años atrás y que, al principio, no consiguió el éxito esperado. Ahora alberga unas tiendas baratas que atraen a la población del vecindario y el desarrollo de los transportes públicos también mejora la situación. Ya veremos cómo van las cosas cuando acaben las obras.

Hoy tocaba recorrer el mercado de las pulgas con dos mujeres bonaerenses.
En varios rincones, hiedras y parras virgen lucían sus colores otoñales. Noté algunos cambios de mercancías en las casetas del mercado Vernaison y en la segunda calle del mercado Biron. Pero el mercado sigue atractivo para todos los que buscan algún detalle para decorar su casa. Mis acompañantes encontraron unos dibujos de moda de los años 1930 y yo contemplé un momento un canario que no paraba de cantar.
No sé cómo se comportarían las gatas si volviera a casa con un pajarito...

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