Caminando por París con Caol

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17/06/2018

Estrenando el recorrido

Después de visitar todos los rincones interesantes del distrito XX, llegó la hora de imaginar un recorrido para enlazarlos. Un mapa, unas marcas en los puntos interesantes… y empecé a divisar el itinerario. Y para que los visitantes no tengan mala sorpresa, llamé a uno de mis viejos cómplices para que pruebe el camino conmigo.

Quedamos a la salida de la estación “Alexandre Dumas” el sábado a las 14h. Lo bueno es que este sitio cuenta con varios bares en donde esperar tranquilamente. Mi amigo llegó a la hora en punto y después de acabar con el último trago de café pudimos entablar la exploración del día.

Curiosamente, este parisino de toda la vida (tiene 71 años) no conocía las callecitas al lado de la calle de Bagnolet. A pesar de la edad, suele caminar rápidamente así que pronto acabamos con el primer tramo. Luego seguimos rumbo a la iglesia de San Juan Bosco. Desgraciadamente la nave principal estaba cerrada. Pero al entrar en la planta baja, encontramos un señor muy amable que abrió la puerta principal y pudimos entrar en esta iglesia de puro hormigón y admirar sus bonitos vitrales.

A continuación, seguimos rumbo a la calle des Vignoles en donde exploramos varios callejones sin salida, testigos de otros tiempos o copia más modernas. Visitamos el jardín de “Casco de oro”, pasamos por la plaza de la Reunión y seguimos rumbo a la calle San Blas.
Viviendas sociales encerrando un pequeño jardín, torres desmedidas aplastando una pequeña plaza y jardín de otros tiempos... Esta zona es una tierra de contrastes que cuenta los experimentos arquitectónicos de los años 70s y en donde la densidad de población alcanza 80000 habitantes por kilómetro cuadrado.
Por suerte se percataron de los errores y preservaron la calle San Blas, vieja vía que lleva a la vieja iglesia de Charonne.

Cuando llegamos al pie de la iglesia seguimos rumbo al Oeste, mirando, de paso, la antigua estación convertida en sala de conciertos. Entramos en la Villa Godin, y luego seguimos por la calle de Lesseps para llegar al jardín salvaje que bordea el cementerio.

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Al salir del jardín encontramos la entrada del cementerio y subimos para pasar por la zona de los monumentos dedicados a los campos de concentración de la segunda guerra mundial antes de seguir rumbo al Este, para ver “La campagne à Paris”.

Llegados a este punto, mi amigo consideró que allí podía acabarse el recorrido. Pero yo quise enseñarle otros detalles interesantes y después de sentarnos un rato en un café, seguimos rumbo a la plaza de las fiestas, al barrio de la Mouzaïa y al jardín Herold.
Mi amigo ya no podía más y después de casi cuatro horas caminando subimos en el primer autobús que vimos para volver a casa, ambos contentos de esta tarde diferente...

Por la noche me mandó un sms para decirme que estaba saboreando un whisky bien merecido para combatir las agujetas.
Me pareció buena idea :-)

10/06/2018

Visita guiada

Hace poco, uno de los conferenciantes que sigo en internet anunció que organizaba una visita guiada por una zona de París que se llama “la campagne à Paris”. Sé que ya pasé por esta zona, pero como fue años atrás pensé que merecía la pena recorrerla de nuevo con explicaciones extras. Además, me encantan las fotos que publica este señor.
Así fue como llegué a la salida de la estación Porte de Bagnolet, en el lado del bulevar Mortier, a las 14 y media.

Los visitantes llegaron poco a poco y al final llegamos a constituir un grupo de veinte personas alrededor de Bruno Ballet, ingeniero agrónomo y ecólogo.

Este señor empezó presentando los árboles de la plaza en donde estábamos, así como varias plantas salvajes que aprovechan todos los intersticios de la ciudad. Y después de varias digresiones, empezó a contarnos la historia de “la campagne à Paris”.

Al principio, crearon una cooperativa obrera cuyo objetivo era proporcionar alojamientos correctos a la población. La cooperativa compró el terreno de una antigua cantera de yeso, en donde habían dejado todos los escombros de la creación de la avenida Gambetta. El proyecto era construir 92 pabellones y venderlos a crédito a sus socios, empleados o artesanos con ingresos modestos pero constantes.
En aquel entonces, se consideraba que el pueblo, al convertirse en propietario, dejaba de meterse con las ideas revolucionarias y empezaba a aburguesarse.
Una primera fase de construcción fue acabada antes de la guerra de 1914 y la urbanización fue acabada en 1928.

Al final de esta introducción pudimos enfrentar la calle del Padre Prosper Enfantin, y su escalera que permite subir de 13 metros en apenas 40 metros, pero lo que se ve al final de la ascensión merece la pena.

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Las dos calles adoquinadas de la parte superior de la urbanización siguen las curvas de nivel. Comunican dos filas de pabellones diseñados por varios arquitectos, pero muy parecidos. Cada casa es separada de la calle por un pequeño patio y casi todos los inquilinos ponen vegetación en este espacio.

Me impresionó la cantidad y la variedad de rosas. Algunas casas van vestidas de parra virgen. Otras lucen glicinia, madreselva, clemátide o pasiflora. Y yo me preguntó como serán los jardines que se esconden detrás de las casas...

Algunas escaleras dejan ver partes de estos jardines y nuestro guía nos presentó estas zonas como una estupenda reserva de biodiversidad.

Pasamos casi tres horas en esta zona y recorrimos apenas un kilómetro sin aburrirnos.
¡Pocas veces caminé tan lentamente!

3/06/2018

Una carta del hemisferio sur

Hace poco me llegó una carta procedente de Buenos Aires: “Hola Caol, en 2014 nos llevaste a conocer hermosos lugares de Paris en especial los pasajes, estaremos nuevamente en Paris en junio, nos gustaría poder realizar contigo el recorrido que nos propongas.”
En 2014 se trataba de un paseo organizado por la asociación de los parisinos y me alegró aprender que estos paseantes tenían ganas de probar otro recorrido. Total, pensé que ya era hora de concebir el paseo que quiero hacer por el Este de París. Y avisé que, si no les molestaba estrenar un recorrido, podría proponerles algo.
Ahora llevo varios días calculando los sitios por donde quiero pasar y lo que quiero enseñar. Pero también necesito visitar de nuevo estos lugares y encontrar caminos para enlazarlos, y eso necesita tiempo.

Esta semana exploré la zona de la calle de Bagnolet y las callecitas que comunica. Poco tiempo después de empezar la exploración tuve la suerte de encontrar una reja mal cerrada al principio de la Villa Godin y aproveché la oportunidad de visitar este rinconcito que todavía no conocía.

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Seguí el estrecho pasillo y su vegetación exuberante y descubrí una sucesión de casas de tamaño modesto, pero globalmente muy bien cuidadas. La senda apenas tiene dos metros de ancho y 135 metros de largo. Cuenta con una pequeña escalera para llegar a las parcelas que se hallan al pie de la muralla del cementerio del Père Lachaise.
Me impresionaron las colecciones de rosas, así como algunas clemátides. Si la ausencia de coches es algo muy agradable, también noté que se escucha muy bien las charlas de los vecinos y no sé si la convivencia diaria es tan fácil. Pero no hice preguntas y me marché de puntillas.

A continuación, pasé por la calle Lesseps y al final encontré el jardín natural Pierre Emmanuel. Al entrar en este espacio uno tiene la sensación de caminar por un bosque y resulta muy agradable porque se escucha el canto de varios pájaros. Uno llega así a una parte que se parece a un prado y llega a la calle de la Reunión.

Aquí se halla una discreta entrada del cementerio. Entré, subí las escaleras y constaté que eso me llevaba muy cerca de la “pared de los federados”. Pero volví a la calle de la Reunión y a la exploración del barrio.

Recorrí la calle Lignier muy bien cuidada por sus habitantes antes de seguir rumbo a la cité Aubry y a la Villa Riberolle.
La villa Riberolle cuenta con varios talleres, más o menos transformados en viviendas. Noté a mano derecha un grupo de jóvenes esperando delante de un estudio de danza y varios locales de cultura alternativa.
Al salir de este sitio, seguí por la cité Aubry y descubrí un gran jardín compartido. Desgraciadamente estaba cerrado así que decidí que ya tenía mi cuenta de exploraciones y apunté que tengo que pasar por allí otra vez.

27/05/2018

Les “frigos”

Inicialmente, el edificio que los parisinos llaman “les frigos” era una instalación industrial de la sociedad de ferrocarriles. Se trataba de una gigantesca nevera que servía para conservar los productos alimentarios que los trenes llevaban a París. Con el traslado del mercado alimentario desde el centro de París hacia Rungis, este sitio ya no tenía utilidad y el edificio se quedó abandonado durante una quincena de años.

La sociedad de ferrocarriles aceptó que una primera generación de artistas invadiera una parte del sitio en los años 1980s. Luego delegaron la gestión de este edificio a una sociedad inmobiliaria y en pocos días unos dos cientos creadores y empresarios consiguieron un local.

Estos pioneros tuvieron que gastar tiempo, energía y dinero para transformar estos espacios en talleres, pero participaron a una aventura colectiva inédita y ahora viven en un entorno alternativo muy estimulante.
Desgraciadamente, estos inquilinos consideran que se trata de lugares de trabajo y no se aceptan las visitas, excepto durante las jornadas puertas abiertas a finales de mayo. Así que ayer aproveché esta apertura excepcional para explorar por primera vez el interior de este asombroso edificio.

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Nada más entrar, el primer contacto con la instalación despista el visitante. No tenían plano de las diferentes plantas así que tuve que progresar al azar. Total, para empezar, enfrenté las cinco plantas de la escalera B y llegué a un pasillo que comunica varios talleres.

El primer sitio que me llamó la atención fue el taller de France Mitrofanoff. Es un espacio relativamente grande, en donde presenta pinturas monumentales cuyo único color es el negro. Pero también hay obras más alegres y el taller, con su sofá central, desprende un ambiente muy apaciguador.

Luego pasé por los talleres de dos escultores que me interesaron mucho menos, antes de bajar rumbo a la cuarta planta. Allí me gustaron los dibujos parisinos de Guillaume, así como algunos detalles presentados en el local de una escuela de teatro, las pinturas de Bénédicte Dussère y el universo muy gráfico de Sacha Schwarz.

En la tercera planta, pasé un gran rato en el espacio de Paella, al artista que dibujó el cartel de las puertas abiertas.

En la segunda planta, aprecié las pinturas de Mireille Cambau, noté varios talleres dedicados a la producción de prendas antes de pasar un rato escuchando un tema original de un quinteto de Jazz.

En la primera planta, aprecié el trabajo de Grazyna Temizewska, pero ya había agotado mi capacidad de interesarme a las demás producciones artísticas.Total, me senté un rato en la terraza del café-galería antes de abandonar este sitio a los 6000 visitantes que suelen atraer las jornadas puertas abiertas

20/05/2018

Los jardines compartidos

No todos los parisinos pueden vivir en una linda casita con jardín incluido. Total, cada vez que las evoluciones urbanas dejan aparecer un baldío, los vecinos intentan apropiarse la parcela para transformarla en jardín compartido. Generalmente es preciso crear una asociación y firmar un contrato de ocupación precaria. Pero cuando esta precariedad se prolonga una decena de años, deja tiempo para desarrollar un bonito jardín.

Cerca de mi casa existen varios espacios declarados como jardines compartidos.
La asociación “la goutte verte” cuidaba un gran baldío en la calle Cavé, pero cuando empezaron las obras, tuvieron que trasladar los vegetales hacia un terreno de deporte desocupado. La asociación “la table ouverte” también se trasladó desde el terreno dedicado a un centro musical, rumbo al terreno de la antigua mezquita.Y la asociación “Le bois Dormoy” consiguió salvar su pequeño bosque de las excavadoras.

Estas asociaciones cuidan espacios cerrados, y si no eres socio de su estructura, las visitas informales resultan casi imposibles. Algunas dejan ver la parcela desde la calle, otras la esconden y el trato de los visitantes también es más o menos acogedor...

A lo largo de mis ciberpaseos, encontré la página de un jardín asombroso y pensaba que estaba en las afueras de París. Quise visitarlo y cuando miré la dirección, constaté que se hallaba en el distrito XIX. Total, me fui caminando rumbo a este sitio.

El jardín se halla en el centro de la parcela que ocupaba el antiguo hospital Herold, pero si no te atreves a pasar por la calle Francis Ponge, no te enteras de su existencia.
Se trata de un jardín público y lo primero que se nota son los espacios dedicados a los niños.
Luego, al adentrarse, uno descubre la parte que cuida la asociación.

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Me encantó constatar que esta parte no se esconde detrás de rejas y tiene los mismos horarios de acceso que el jardín público. Cuando pasé por primera vez, sólo vi a una señora recogiendo los desechos abandonados por unos sinvergüenzas, pero pensé que no formaba parte del equipo del jardín compartido.
Cuando volví allí, el sábado por la mañana, encontré a tres señoras instaladas en la parte compartida del jardín y conversando. Una de ellas abandonó a sus compañeras para presentarme el jardín compartido.
Me contó que cada persona que lo pide puedo conseguir un metro cuadrado para instalar las plantas que quiere y me enseño su propio cuadrado. Me mostró las plantas, me contó sus virtudes, me hizo sentir algunas hojas, mirar flores...
¡Si viviera más cerca de este sitio, con gusto me apuntaría a esta asociación!

Cuando me despedí me precisaron que suelen estar en jardín los sábados.Espero el próximo día de sol para visitarlas de nuevo.

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