Caminando por París con Caol

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13/05/2012

Cambio parisino...

El pasado domingo, nada más escuchar los resultados de las elecciones, la gente empezó a llegar a la plaza de la Bastille.
Yo pasé un gran rato escudriñando los resultados en la televisión y en internet y caminé rumbo a la plaza sobre las 22.
¡Que de gente!
Resultaba casi imposible dar la vuelta de la misma plaza así que pasé por las callecitas de los alrededores y eso me dio la oportunidad de observar las reacciones de la gente.
Sobra decir que para todos los presentes, la eliminación de Sarkozy fue un auténtico alivio. Aparto las reacciones histéricas provocadas por las cámaras de tele. Entre los militantes de los partidos de izquierda, quedaba bastante claro que sólo se trataba de una etapa. Muchos jóvenes confesaban que era la primera vez que veían una victoria de la izquierda y lo disfrutaban con alegría. Pero también noté a muchas personas que acudieron para aprovechar el momento festivo sin ver más allá.
Volví a casa a medianoche y fue preciso esperar al día siguiente para conseguir los resultados definitivos.

París, ciudad de las luces, también es una ciudad "rosa": Hollande consiguió un 55,6%, mi distrito le otorgó un 70% y mi manzana un 81%.
El lunes, tras las tensiones de los últimos días, se notaba un ambiente muy relajado en la capital.
El martes, día festivo, la gente seguía recuperando de la fiesta electoral.
El miércoles fue preciso volver a la cotidianidad...

En la parada de autobus llegó una mujer joven, vistiendo un largo vestido de verano, cuyo escote desaparecía debajo de un "cuello tortuga" negro, y tapando su pelo con un pañuelo supuestamente islámico. En la misma parada, un doña más anciana también llevaba un pañuelo islámico y al contemplar la moza no pudo resistir: empezó a explicarle varios conceptos relativos a la religión y le indicó que su manera de vestirse era inadecuada para una modesta musulmana...
Por una lado me hizo gracia pero por otro imagino que vivir entre dos mundos debe ser bastante complicado.

De momento seguiré cuidando mis plantas...

6/05/2012

Esperando la segunda vuelta

Aproveché el puente del 1 de mayo para meterme en nuevos recorridos.

El lunes, bajo el pretexto de visitar la casa de un conocido, abandoné el metro en la plaza de Italia y me perdí al azar rumbo a una calle cuyo nombre surge directamente de otros tiempos. Pero en la "calle del castillo de los rentistas", pocos rentistas se ven y con una ironía tipicamente parisina, allí es donde instalaron la Brigada Financiera de la Policía Judicial...
El barrio presenta una yuxtaposición asombrosa de altos edificios que parecen sembrados aleatoriamente en medio de micro jardines y es el resultado de la gigantesca reforma urbana iniciada en los años 1970. Entre los ejes mayores de este sector, la avenida de Ivry propone una interesante sucesión de restaurantes asiáticos. El que probé proponía menús por 10 euros y la verdad es que me pareció muy rico.
Tras esta pausa, visité una de las tiendas que venden la vajilla de los restaurantes asiáticos, constaté que los precios son realmente interesantes y noté que tendría que volver allí. Pero preferí seguir rumbo a mi destino del día: la gran tienda de plantas ubicada en el muelle de la estación.
En este paraíso vegetal, hay tentaciones por todas partes y me costó limitarme a las modestas fresas que buscaba. Pero indudablemente merece otra visita. :-)

El 1 de mayo, se organizaban tres manifestaciones dentro de la capital. El frente nacional reunía a sus feligreses al lado de la ópera, Sarkozy invitaba a los "auténticos trabajadores" en la plaza del trocadero, y todos los demás deambulaban alegramente entre la plaza denfert rochereau y la plaza de la bastille...
Tras comprar el imprescindible muguete, pasé un gran rato en el mercado de las flores al lado de Notre Dame. Luego pasé por el recorrido del desfile sindical antes de cruzar el Sena, de perderme por el mercado Saint Paul y de probar otra vez la panadería de la calle Saint Paul y sus "guimauves" riquísimas...

El resto de la semana destacó por el gran debate entre los dos candidatos de la segunda vuelta y los comentarios de los parisinos de a pie...
Se nota cierta lasitud y también cierta inquietud.
Por suerte no faltaban los mercadillos para buscar la ganga del siglo y cambiarse las ideas...

Ahora seguiré esperando los resultados... Mañana os cuento.

29/04/2012

Tiempo de marzo a destiempo.

Ya son cuatro semanas con cielo nublado y chubascos y más chubascos...
El florista de la esquina dice que cuando hay lluvia la gente no va de tiendas. Yo sospecho que entre las elecciones presidenciales y las vacaciones escolares, los parisinos aplazaron muchas cosas.

Tras la primera vuelta del pasado domingo, se multiplicaron las charlas políticas entre los parisinos.
Si Francia otorgó casi un 18% a Marine Le Pen, presidente del Frente Nacional, París sólo dejó un 6,2 a esta candidata y los votos se concentraron en los dos líderes principales.
El pasado jueves se juntaron unas cincuenta personas en un café de mi barrio y dedicaron varias horas a compartir sus sensaciones frente a los resultados nacionales y locales. Lo bueno es que la parte de la población que se interesa a los temas políticos y económicos aumenta. Lo malo es que la distancia entre las maneras de percibir las cosas de los parisinos y de los provincianos es cada día más importante. Y desgraciadamente eso deja espacio para todos los extremos...

Entre dos charlas políticas y corriendo para escapar de los chubascos, descubrí una tienda increíble que vende ruedecillas casi de todas clases. Este sitio de otros tiempos tiene horarios casi imposibles para clientes particulares pero para quien consigue visitarlo, propone soluciones para cualquier problema. Yo presenté una ruedecilla rota, expliqué su uso y el dependiente me fabricó enseguida una pieza adaptada. Nada que ver con el trato poco amable de los almecenes que había visitado antes...

Hoy aproveché un claro para visitar uno de los mercadillos de barrio que permiten a los vecinos de vender sus trastos. Compré dos frascos de Erlenmeyer que no necesito pero como me los dejaron por 3 euros, no me arruiné.

La ciudad queda muy tranquila, como si se hubieran marchado los parisinos, otorgándose un largo fin de semana para compensar vacaciones limitadas por el calendario electoral.
Yo seguiré explorando las tiendas de floristas...

21/04/2012

Vacaciones de primavera...

Se acabó la pausa de semana santa.
Cuando retomé el camino de la oficina, mi autobus de siempre me regaló una chispa de fantasía: por las obras de rehabilitación de la plaza de la república, abandonó el recorrido normal y pasó por la orilla del canal Saint-Martin. Un toque romántico al despertar siempre viene bien :-)

Por la noche quise descubrir el ambiente de un mitin electoral y pasé por el gimnasio parisino que albergaba la cita del día. Me impresionó la arquitectura sobria y funcional de este edificio construido al final del siglo 19. En cuanto al mitin, si permite cultivar el apoyo de los militantes y simpatizantes, dudo que convenza a los demás. A mi me encantó la invitación a la insurrección ciudadana :-))

Entre política y trabajo, también pasé varios ratos buscando macetas para florecer mi balcon. El objeto en sí no es tan importante pero es un estupendo pretexto para recorrer París y descubrir sitios nuevos.
Para empezar descubrí una tienda de florista que se halla en uno de mis recorridos de siempre. Suelo pasar por la otra acera en donde hay varias tiendas que me gustan y nunca había notado este florista.
Luego visité una zona que conozco pero que no es tan familiar y descubrí a una doña exquisita que propone una selección acertada de plantas, macetas y objetos.
Pero el mayor descubrimiento ocurrió en una calle que ubico perfectamente pero que nunca recorrí detenidamente. Total descubrí un lugar totalmente improbable que la misma dueña define como "un espacio industrial habitado por las plantas". En este antiguo taller, las plantas conviven con objetos de diseño, de todos tamaños y de todos precios.
Estos tres sitios venden las macetas de tejido que estaba buscando y encontré los modelos que quería.

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Fueron muchos kilómetros pero creo que merecía la pena.

Y ahora toca prepararse al largo domingo electoral frances.
Luego os cuento.

9/04/2012

Santa semana...

Entre dos sesiones de embrutecimiento laboral, conseguí disfrutar unos momentos más agradables.

Me invitaron a un preestreno de cine en la zona de la Ópera y, al salir de la sala, caminé tranquilamente rumbo a la puerta de Saint Denis. Este paseo me dio la oportunidad de recorrer lo que los parisinos llaman grandes bulevares y constaté que en esta zona se desarolló toda una vidilla alrededor de algunos cafés de cadenas internacionales.
No me interesan estos sitios estandares así que seguí caminando rumbo a la calle del Faubourg Saint-Denis y los sitios de la comunidad turca. Total pude disfrutar de una terraza a salvo del tráfico automóvil y pagar el justo precio para mi descafeinado.

Tras este episodio nocturno, pude dedicarme a la preocupación de temporada: florecer ventanas y balcones. Por cierto, no tengo dones particulares en este campo y el florista de la esquina se quedó bastante perplejo cuando le confié mi planta indestructible para regalarle una maceta más confortable.

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Los parisinos cuidan cada día más plantaciones y como no usan pesticidas, las abejas abandonaron el campo para instalarse en la capital y dicen que la miel resultante es riquísima.
De momento mis plantaciones no son muy acogedoras pero no desespero :-)

También de temporada son estos mercadillos en donde la gente vende las viejas prendas que ya no sirven. Este domingo visité la instalación que se estiraba en el bulevar Saint Martin. Pero había demasiada gente para escudriñar los tenderetes...

Por la noche, la zona de las abadesas parecía algo dormida pero es que muchos parisinos aprovechan el lunes festivo para marcharse de la ciudad.

Yo hice un gran viaje hacia las afueras de París, a quince minutos de la estación Saint Lazare. Antes de salir, constaté que una gran parte de la estación fue transformada en centro comercial con 80 tiendas. Luego el tren me dejó en una zona de construcciones bajas y descubrí la casita con jardincito de mi anfitriona.
El sitio tenía encanto y uno casi puede tener la tentación de instalarse en una zona de este tipo. Pero a la hora de volver a casa, la inquietud de perder el último tren te quita estas ideas.
Con gusto volví a mi refugio, más pequeño pero más cerca de todo :-))))

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