Caminando por París con Caol

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25/09/2016

¡108675 pasos!

Esta semana aproveché un atardecer soleado para pasear por el distrito 20, en la zona de la calle des Vignoles.
Esta calle muy antigua comunicaba varios callejones sin salida muy estrechos en donde uno podía contemplar antiguas y modestas viviendas obreras, mal mantenidas y en algunas partes totalmente insalubres.
En esta zona “rebelde”, no repitieron los errores que hicieron en la zona Saint Blaise, con torres gigantes y calles deshumanizadas. Cuando la renovaron, conservaron la red de callejones y construyeron viviendas sociales de dos o tres plantas, con jardines incluidos. De momento no pasé por todas las calles de esta zona, pero lo que vi esta semana me alegró. Por cierto, no sé si me gustaría vivir en la planta baja con acceso directo a la calle. Pero imagino que para unos cuantos esto es una real mejora de sus condiciones de alojamiento. Por suerte, de momento, no cerraron estos callejones y uno puede contemplar estos ensayos arquitectónicos. ¡Ojalá siga así!

El martes, encontré en mi buzón un papelito de mis nuevos vecinos, invitándonos a tomar un chato el viernes para celebrar su instalación. Yo tenía la sensación rara que ya conocía a esta señora y que ya había estado en su antiguo piso para una reunión de voluntarios de “ParisGreeters”. Y Chloé me confirmó este acontecimiento. Pero también me contó que, con dos niños, ya no tenía tiempo para pasear con visitantes. La buena noticia es que todos mis vecinos son muy civilizados :-)

Ayer tocó pasear por el distrito 12, rumbo a la avenida Daumesnil, para preparar una sesión de bricolaje. De paso, reconocí la tienda en donde había comprado mi antigua bici años atrás. Con el desarrollo de la bicicleta, la modesta tienda se transformó y ahora ocupa mucho más espacio. Pero también tiene nuevos competidores.

Hoy hice una caminata rumbo al centro de París. El domingo por la mañana, pasear mientras la ciudad despierta es un auténtico placer, y más cuando se celebra el día sin coche.
Ni fui a la fiesta de los jardines, ni visité los mercadillos del día. Pasé todo el santo día instalando un programador de calefacción y de momento no funciona como lo quiero.
¡Mañana será otro día!

18/09/2016

Visitas...

El lunes por la mañana, conseguí escaparme de la oficina para pasear por la colina de Montmartre con una pareja argentina. Mis visitantes tenían muchas preguntas acerca de la situación económica francesa y tuvimos una larga conversación muy interesante.

El martes tocaba participar a una reunión en la fortaleza de Bercy (así es como llaman la sede del ministerio de hacienda) y la visión de todos estos oficinistas con sus trajes grises me desesperó una vez más. Al salir pasé por la calle Crémieux en donde los edificios tienen colores pastel que alegran la manzana.

El jueves, los sindicatos convocaron de nuevo una manifestación para protestar contra la reforma laboral y cuando pasé por la plaza de la República para volver a casa, me impresionó la cantidad de furgonetas de policía estacionadas en su periferia. En el bulevar Magenta, los policías se desplazaban por todas partes con las sirenas puestas, provocando sin razón un atasco importante.

Este fin de semana se celebraban las jornadas del patrimonio. Confieso que la idea de hacer cola para las visitas me da pereza pero noté que había un sitio a cien metros de mi casa y fui a ver cómo iba la cosa.
Cuando llegué, la puerta estaba cerrada. Toqué el timbre y un estimable señor me dijo que la visita ya había empezado pero que me mandaba alguien para que pueda reunirme con el grupo.
Desde la calle, la fachada se parece a un edificio normalito, pero no tiene vida y nunca vi habitantes. Nada más traspasar la puerta, uno descubre un patio bastante grande y mi acompañante me explicó que el edificio que bordea la calle alberga instalaciones eléctricas que funcionan. El edificio del fondo de la parcela ya no sirve y fue confiado a la asociación “Memoria de la electricidad, del gas y de las iluminaciones públicas”.
Mi acompañante me llevó a la tercera planta en donde el grupo escuchaba atentamente a otro señor que estaba presentando los diferentes modelos de faroles instalados en la capital. Me impresionaron las piezas de vidrio de algunos modelos tan como la colección de bombillas ocupando varias estanterías. También noté un radiador de vidrio muy antiguo, pero de diseño muy moderno.
Bajamos rumbo a la segunda planta en donde dos nuevos anfitriones relataron rápidamente la historia de la instalación de la electricidad dentro de París y nos enseñaron varias generaciones que transformadores. Confieso que los antiguos cortacircuitos me impresionaron.

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En la primera planta, pudimos admirar una colección impresionante de contadores de electricidad y otra colección más modesta de contadores de gas.
Necesitamos casi tres horas para ver todos los tesoros reunidos por estos apasionados y ahora sé lo que se escondé detrás de la fachada enigmática de este edificio de mi calle. :-)

11/09/2016

Volviendo a la normalidad

Con la vuelta de los niños a la escuela, se acabaron las vacaciones y ya tuvimos varias ocasiones para contarnos mutuamente nuestras hazañas veraniegas. Ahora toca volver a la normalidad y aproveché todas las oportunidades para pasear por varios sitios.

Para empezar, seguí explorando la parte del distrito 20 que se halla alrededor de la plaza de la Reunión, escapándome una primera vez con el escritor Alexandre Dumas y luego por la isla de Terranova. En esta parte de París, todavía se ven antiguas construcciones de una o dos plantas. Las primeras rehabilitaciones urbanas produjeron densificaciones exageradas y ahora los nuevos programas respetan más el contexto inicial.

También hice un largo recorrido desde la plaza de Italia, rumbo al norte de París. En la calle Claude Bernard encontré un cartelito muy divertido: “Aquí vivió un gato que dedicó su vida a mirar por la ventana a los que leen este cartel”. Con gusto me paré un rato más por si este gato tiene un sucesor.

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Cuando llegué al jardín del Luxemburgo, constaté que la diversidad social no tiene la misma definición en todos los distritos, y me dejé caer rumbo al Sena, por este gran bulevar que se parece cada día más a una galería de centro comercial.
Al cruzar el Sena, vi uno de los “bateaux-mouches”, parado cerca de la orilla mientras dos barcos de transporte de mercancías pasaban debajo del puente. Cuando llegó su turno, volvió al centro del rio para pasar debajo de los puentes. No imaginaba que había tanto trafico fluvial.
En la orilla, todavía quedaban elementos de París playa. A ver si la alcaldesa cumple lo que anunció y transforma la autopista urbana en espacio de ocio para los parisinos...

Esta semana también volví a usar los velibs. Temprano por la mañana, pude llegar sin problemas hasta mi oficina. Otro cantar fue el viernes por la noche. Sin conseguí fácilmente una bici, encontrar un sitio en el centro de París para aparcarla se transformó muy pronto en pesadilla. Renuncié y experimenté la convivencia muy cercana con los taxistas en el interminable bulevar de Sebastopol.

Hoy había un mercadillo al lado de mi casa. Cerraron un parte de la calle de Clignancourt y de la calle Ramey y los vecinos pudieron desplegar sus trastos en la acera. Buena temporada para las familias que aprovechan estas circunstancias para conseguir ropa y material escolar baratos para los niños, mala temporada para los que buscan muebles u objetos de decoración.
Sin embargo, yo encontré un lote de tres cajitas por 10€. A ver si encuentro un sitio para guardarlos o si los regalo al azar...

4/09/2016

Regreso

Al salir de la estación de Bercy, tuve la grata sorpresa de encontrar un taxi enseguida así que me libré de las molestias del viaje en metro. Luego mi primer día parisino fue totalmente dedicado a poner todo en orden antes de volver a trabajar.

El martes por la mañana, retomé el camino de la oficina en bici y si el tráfico automóvil me pareció más importante que en agosto, tuve la sensación que mucha gente todavía estaba de vacaciones. Otro cantar fue el jueves por la mañana, cuando empezaron las clases y de momento dejé de usar las “Velib”.

Mis primeros días en la oficina no me dejaron mucho tiempo para recorrer la ciudad, pero el sábado pude ponerme al día.
Este día tocaba hacer un recorrido por el centro de París con una pareja mexicana, desde la zona de la ópera, rumbo a la plaza de la república. Así que tuve la oportunidad de mirar las evoluciones a lo largo de este recorrido.
Por un lado, están reformando el suelo de la galería Choiseul, por otro acabaron la reforma de un parte de la galería Vivienne. En el centro de París, desmontaron une parte de las casitas prefabricadas que albergaban los obreros. Si todavía no podemos admirar la perspectiva entre el bolso del comercio y la Canopea, se nota que entramos en la última fase de las obras.
Acabamos en el mercado de los niños rojos, a tope de clientes por el tiempo soleado.

Mientras compartíamos un té de menta, mis acompañantes evocaron lo que querían visitar antes de marcharse de París el martes por la mañana y entre otras cosas mencionaron la colina de Montmartre. Me caían bien y no tenía prisa así que propuse un traslado rumbo a Montmartre en autobús.

Empezamos el recorrido en la zona de tiendas de tejidos antes de pasar por la calle de las abadesas y de subir y bajar para descubrir varios detalles. Tuvimos suerte porque cuando pasamos al lado de la tienda de Larher, la dependiente estaba limpiando el suelo, pero me atendió y me proporcionó una interesante muestra de lo que produce este pastelero.

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Por lo visto mis acompañantes apreciaron y, después de ensenarles otros rincones de la colina, les abandoné en la puerta del Sagrado Corazon.

Cuando llegué a casa mi podómetro anunciaba 34045 pasos. ¡Una marca!
Y una muy buena manera de volver a encontrar esta ciudad.

28/08/2016

Preparando la vuelta

Mientras preparaba la maleta para el viaje de vuelta, hice la lista de las principales diferencias que me molestan cuando llego a París y salgo de la estación.

La primera sería la cantidad de gente que comparte las mismas aceras, siempre con prisa y sin mirar a los demás.
Admito que lo que está en juego es algo tan importante como esperar el próximo metro 2 minutos más...

La segunda es la anchura del torniquete del metro en la estación Bercy, basicamente inadecuada para gente que se mueve con maletas...
Luego es preciso acostumbrarse de nuevo a los olores de metro, a las escaleras mecánicas que no funcionan, sin olvidar que la estación más cercana de mi casa está cerrada por obras.

Luego viene la molestía de los desperdicios abandonados en cualquier sitio: papeles, colillas, latas... Y eso que el Municipio instaló más de 30000 papeleras de calle lo cual significa que en cualquier sitio, la papelera más cercana se halla a menos de cien metros.
Cuando llegan las fechas de mudanzas, también se ven muebles abandonados en la acera. Y eso que hay un servicio gratuito de recogida accesible por teléfono o por internet. (yo lo usé un par de veces y es realmente muy sencillo para activarlo)

Y acabaré con este insoportable olor a pis que desprenden muchas calles de París.
Por cierto el Municipio instaló más de 400 baños públicos de acceso gratuito. Pero estos inodoros (bautizados "sanisettes") necesitan mucho tiempo para limpiar automaticamente el interior entre dos usuarios y son muchos los que no funcionan.
Total entre los hombres que se juntan en la calle para beber, son muchos los que no pueden aguantar hasta que encuentren un inodoro disponible.
A veces me pregunto si se comportan de la misma manera en su propia casa...

Pero París también tiene cosas buenas entre las cuales todos los sitios que todavía no descubrí.
Y ya preparé mis zapatos de caminatas...

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