Caminando por París con Caol

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20/05/2018

Los jardines compartidos

No todos los parisinos pueden vivir en una linda casita con jardín incluido. Total, cada vez que las evoluciones urbanas dejan aparecer un baldío, los vecinos intentan apropiarse la parcela para transformarla en jardín compartido. Generalmente es preciso crear una asociación y firmar un contrato de ocupación precaria. Pero cuando esta precariedad se prolonga una decena de años, deja tiempo para desarrollar un bonito jardín.

Cerca de mi casa existen varios espacios declarados como jardines compartidos.
La asociación “la goutte verte” cuidaba un gran baldío en la calle Cavé, pero cuando empezaron las obras, tuvieron que trasladar los vegetales hacia un terreno de deporte desocupado. La asociación “la table ouverte” también se trasladó desde el terreno dedicado a un centro musical, rumbo al terreno de la antigua mezquita.Y la asociación “Le bois Dormoy” consiguió salvar su pequeño bosque de las excavadoras.

Estas asociaciones cuidan espacios cerrados, y si no eres socio de su estructura, las visitas informales resultan casi imposibles. Algunas dejan ver la parcela desde la calle, otras la esconden y el trato de los visitantes también es más o menos acogedor...

A lo largo de mis ciberpaseos, encontré la página de un jardín asombroso y pensaba que estaba en las afueras de París. Quise visitarlo y cuando miré la dirección, constaté que se hallaba en el distrito XIX. Total, me fui caminando rumbo a este sitio.

El jardín se halla en el centro de la parcela que ocupaba el antiguo hospital Herold, pero si no te atreves a pasar por la calle Francis Ponge, no te enteras de su existencia.
Se trata de un jardín público y lo primero que se nota son los espacios dedicados a los niños.
Luego, al adentrarse, uno descubre la parte que cuida la asociación.

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Me encantó constatar que esta parte no se esconde detrás de rejas y tiene los mismos horarios de acceso que el jardín público. Cuando pasé por primera vez, sólo vi a una señora recogiendo los desechos abandonados por unos sinvergüenzas, pero pensé que no formaba parte del equipo del jardín compartido.
Cuando volví allí, el sábado por la mañana, encontré a tres señoras instaladas en la parte compartida del jardín y conversando. Una de ellas abandonó a sus compañeras para presentarme el jardín compartido.
Me contó que cada persona que lo pide puedo conseguir un metro cuadrado para instalar las plantas que quiere y me enseño su propio cuadrado. Me mostró las plantas, me contó sus virtudes, me hizo sentir algunas hojas, mirar flores...
¡Si viviera más cerca de este sitio, con gusto me apuntaría a esta asociación!

Cuando me despedí me precisaron que suelen estar en jardín los sábados.Espero el próximo día de sol para visitarlas de nuevo.

13/05/2018

París sin dinero

Para quién anda cortito de dinero, recorrer las sendas parisinas resulta una diversión a la vez barata e instructiva. Total, retomé el librito de la senda que da la vuelta de París y seguí explorándola.

Al final de la precedente sesión, había llegado a la puerta Maillot después de caminar por el Bosque de Boulogne. Uno de los autobuses que pasa al lado de mi casa me llevó al arco del triunfo y a partir de allí seguí la avenida de la gran armada rumbo al punto de salida de la senda en la puerta Maillot, y después de pasar al pie del palacio de los congresos y encima del periférico, encontré las marcas de la senda 2024 a mano derecha.

El primer tramo pasa entre unos edificios modernos normalitos y el periférico, y no me pareció muy interesante. Pero a quinientos metros del punto de salida, la senda abandona las calles para seguir el paseo Bernard Lafay.

Este paseo, muy bien acondicionado, camina entre una zona de viviendas sociales e instalaciones deportivas. De paso uno descubre el pequeño jardín Lucien Fontanarosa, antes de llegar al jardín Jacques Audiberti en donde una tumbona instalada en medio del césped invita a convertirse en lagarto. A continuación, pasé por las terrazas del jardín Lily Laskine antes de llegar a una zona que se parece a un pequeño bosque oblongo con dos sendas, una con sombra y la otra con sol. Ambas sendas comunican una zona de instalaciones deportivas.

Al cruzar la calle de Courcelles, se ve el edificio moderno que alberga el conservatorio municipal Claude Debussy. El recorrido sigue a lo largo de viviendas sociales y terrenos de deporte primero al Oeste del periférico y luego al Este.

Esta parte del sendero se acaba en el pequeño jardín Claire Motte, escondido en medio de una manzana.

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En este sitio, me paré a dos metros de un chochín común, cuyo canto es muy alegre y tiene una potencia sorprendente para su tamaño.

Luego abandoné la senda 2024. Pasé al lado de los talleres de la ópera y al pie del nuevo edificio del ministerio de la justicia. Seguí por los bulevares Berthier, Bessieres y Ney en donde admiré las rosas del liceo Honoré de Balzac y constaté que las obras de instalación del tranvía están progresando. Espero que eso provoqué las mismas mejoras que en la parte Este de París.

Y ahora sólo quedan dos tramos de la senda por explorar. Continuará...

6/05/2018

Manifestaciones

Después de varios días de lluvia, el clima se puso suave precisamente a partir del día internacional del trabajador.

Yo aproveché este día para caminar rumbo al Marais, dar la vuelta de la plaza de los Vosgos y contemplar las nuevas producciones artísticas que proponen las galerías. Encontré algunas cosas que me gustaron, pero no cuadraban con mi presupuesto :-)

Luego pasé por la plaza de la Bastille y seguí el recorrido de la manifestación sindical, a lo largo del puerto. Al llegar al final de esta calle, noté la presencia de varias decenas de policías en el puente Morland y preferí escabullirme rumbo a la orilla del Sena porque tuve malas sensaciones. Y las noticias de la noche confirmaron que algunos grupos radicales provocaron disturbios.

Ya pasaron casi dos años desde la decisión de la alcaldesa de prohibir el tráfico automóvil por la orilla derecha y de acondicionar esta parte del muelle para los peatones y las bicis. Por cierto, los jueces escucharon a los opositores y cancelaron la decisión de cierre. Pero la alcaldesa no renunció, promulgó una nueva decisión y los parisinos pueden seguir disfrutando del espacio que bordea el Sena. Al recorrer esta zona noté varios sitios en donde sentarse tranquilamente para un picnic, dos barcos que proponen conciertos, bebidas y comidas, así como un espacio dedicado a los bailes de salón. Pero resistí a todas las tentaciones.

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Preferí seguir caminando rumbo al mercado de las flores en donde la primavera regala una variedad increíble de plantas y colores, resistiendo otra vez a todas las tentaciones.

Ayer, François Ruffin, recién elegido diputado, entre los “Insumisos”, convocó una manifestación bautizada “la fête à Macron”, para protestar contra la política del presidente galo. El desfile salía de la plaza de la ópera, rumbo a la plaza de la Bastille, pasando por la plaza de la República. Para quien conoce París, eso significa bloquear todo el tráfico automóvil entre el Norte y el Sur de París. Así que con gusto caminé por algunos bulevares sin coches rumbo a la plaza de la República y luego rumbo a la plaza de la Bastille. Después de los acontecimientos del pasado martes, la jefatura había convocado a dos mil policías para evitar los disturbios, cerrando todas las calles laterales y no hubo disturbios.

Yo no me quedé con los manifestantes y seguí otra vez por la orilla del Sena, en donde la gente seguía bailando.

29/04/2018

Primer puente de mayo

La última semana de abril nos regaló varios días soleados, perfectos para pasear por las calles de la capital. Así fue como descubrí la existencia en París de una calle del Sol en donde las casas ya no benefician del sol de la tarde porque construyeron un gran bloque en la acera Oeste...

Noté varios parques en varios sitios y casi todos estaban abiertos y, al atardecer, muy concurridos por las familias. Las cosas resultan algo diferentes al lado de mi casa. En el jardín León todo pasa como en los otros jardines que pude visitar, con zonas de juegos para los niños y mesas con ajedreces para los mayores. Pero también toca mencionar dos jardines cerrados al público, en donde sólo se ven un vigilante y su coche, 24 horas al día. Eso es la única solución que encontraron los servicios del ayuntamiento para evitar la instalación de campamentos de migrantes. ¡Me desespera!

A lo largo de mis recorridos encontré en alguna pared del distrito XX un eslogan irónico que me hizo reir.

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¡Salvemos a los patrones, volvámonos voluntarios!

Lo bueno fue que el viernes se acabaron las vacaciones del panadero de la esquina. Viajó a Egipto para visitar a la familia, y cuando compré unos pasteles, su mujer me confió que le costaba mucho volver a la realidad parisina.

Este fin de semana coincidía con el primer puente de mayo, pero también con el fin de las vacaciones parisinas. Así que una parte de la población se marchó de la capital, mientras otra volvía, por los niños o por las perspectivas de lluvia.
Yo beneficié del puente, pero como una de mis gatas se enfermó, preferí quedarme en París.

Quise visitar un nuevo espacio creado en el edifico de una antigua fundería y bautizado “taller de luces”. Desgraciadamente, mucha gente tuvo la misma idea y cuando vi la cola para entrar, preferí renunciar.

Total, pasé un largo momento explorando el mercadillo instalado en el bulevar Voltaire, en busca de alguna ganga. Pero los precios de los anticuarios y de los chamarileros instalados en la acera no cuadran con mi presupuesto.
Lo bueno es que están haciendo obras en el bulevar para crear carriles reservados a las bicis. Y eso sí que mejorará la vida de los ciclistas parisinos.

22/04/2018

Explorando...

Aproveché unos atardeceres soleados para seguir explorando el distrito XIX a partir de la Puerta des Lilas.

Con gusto entré en el pasaje de Montenegro, tranquila callecita con poco tráfico automóvil. A mano derecha, una construcción moderna me llamó inmediatamente la atención por el bloque de hormigón envolviendo un espacio interior y su ventanal. Intuí que era el invento de algún arquitecto para crear privacidad en una pequeña parcela y, al buscar en la red, descubrí que se llama Frank Salama y que este proyecto fue presentado a un concurso de arquitectura.
En frente de esta casa, un patio arbolado reúne dos edificios. A continuación, las demás construcciones no dejan ver sus encantos y los edificios del final del pasaje me parecieron muy feo.

Luego entré en las calles Emile Desvaux y Paul de Kock, en donde encontré una serie de construcciones muy parecidas a las que se ven en la Butte Bergeyre.

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Aquí convive gente desconfiada protegida por sus rejas y gente más despreocupada (sin rejas). Con gusto me apuntaría en este último grupo. Desgraciadamente, el precio de las viviendas de esta zona no entra en mi presupuesto (más de 10000€/m2)

Al salir de este rinconcito, pasé por la calle del Docteur Potain, en donde se ven varios edificios de viviendas sociales construidos en los años 1930s y que necesitarían una rehabilitación.
En la otra acera, un antiguo liceo técnico alberga un colectivo de artistas, pero cuando pasé no tenía mucha vida. Así que tendré que volver por allí.
Luego seguí por la plaza y la calle de las fiestas, rumbo a la calle de Belleville y a la estación de metro Jourdain.

Siempre me asombra esta zona de París porque tiene muchas tiendas de todas clases y todo pasa como si fuera un pequeño pueblo. Resistí a las tentaciones y seguí rumbo a la calle de la Villette. Pero ya cerraron las callecitas que aparecen en el mapa y no pude explorar la “Cité Florentine” o la “villa des Buttes-Chaumont”. Total, pasé por el parque en donde pude escuchar una gran variedad de cantos de pájaros.

El jueves, cerca de la puerta de Vincennes, vi que el pequeño autobús llamado “Traverse de Charonne” llegaba a su parada y quise descubrir esta línea cuyo objetivo es proporcionar un transporte de proximidad a la población del distrito XX. Y la verdad es que, a lo largo de sus recodos, visita una gran parte del distrito y proporciona movilidad para muchos ancianos. Como no tenía tiempo para dar la vuelta completa, abandoné el autobús en la plaza Gambetta, pero al día siguiente pude acabar el recorrido con el primer autobús del día. Me encantó la convivencia que percibí en el pequeño vehículo y así como todos los intercambios entre el chofer y sus pasajeros.
Tendré que probar las demás líneas de “traverse” de París.

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