Caminando por París con Caol

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9/12/2018

Los chalecos de la cólera

Si nadie sabe lo que pasará con el movimiento de los chalecos amarillos, entender como llegarón a este nivel de cólera no es tan complicado.

Desde la elección del presidente Macron, son muchas las pequeñas decisiones que machacaron al ciudadano de a pie.
Si recuerdo bien, todo empezó cuando redujeron el subsidio de alojamiento de 5 euros mientras renunciaban a una parte del impuesto sobre la fortuna. La idea era devolver dinero a los ricos para que puedan gastarlo y así mejorar los ingresos de los demás como lo explica la teoría del goteo...
Luego hubo un recorte de las pensiones de jubilación superiores a 1200 euros.
En el campo de la educación, armaron una nueva herramienta para que los bachilleres puedan enunciar las carreras que les interesan y, si hay suerte, tener la autorización de matricularse...
Al principio de las últimas vacaciones, redujeron la velocidad máxima a 80 km/h en las rutas, lo cual, concretamente, significa más multas por exceso de velocidad.
Y ahora hablan de una nueva tasa carbono y de convergencia de precios entre el diesel y la gasolina.

El ciudadano de a pie no tiene bastante dinero para vivir en una zona con muchos transportes públicos.
Depende de su coche y los gastos asociados son cada día más importantes. Trabaja, pero su sueldo no es para tirar cohetes (la mitad de los franceses gana menos de 1700 euros al mes). Y para una parte de la población, es preciso contar cada centimo para no endeudarse, y más aún cuando empieza una temporada de paro.

En frente de estos ciudadanos, el presidente demuestra una inexperiencia alucinante con frases tan tontas como "para encontrar un trabajo, basta con cruzar la calle"...
Y eso aumenta la cólera de todos los que se sienten despreciados.

El pasado jueves, estaba esperando un tren en la estación de Bercy. Los cobradores impedían el acceso a los vagones a toda persona que no presentaba su boleto. Y eso provocó enseguida el enfado de unos viajeros, hartos de pagar abonos mensuales caros para trenes que no funcionan o tienen atraso. Y empezaron a insultar a los empleados de la sociedad de ferrocarriles, "privilegiados que cobran más de 2000 euros al mes sin mover ni un dedo"...
¿Cómo explicarles que estos empleados no son responsables de esta situación?

Lo único bueno de este movimiento de los chalecos amarillos es que provoca la formación de nuevos colectivos. Y si hay suerte, un dia entenderán que "El pueblo unido jamás será vencido".

2/12/2018

Retomando las exploraciones...

Por fin recuperamos el sistema colectivo de calefacción en mi residencia y cuando llego al anochecer, encuentro una casa agradablemente calentada.

Aproveché una tarde tranquila con algo de llovizna para explorar el nordeste del distrito XVIII. En esta parte de la capital, en la zona que se halla entre los bulevares exteriores y el antiguo ferrocarril que da la vuelta de París, hay una colección de pequeñas calles y quería explorarlas.

Para empezar, entré en el edificio de la iglesia del tabernáculo que pertenece a una comunidad protestante. Descubrí una sala sencilla y luminosa en donde el pastor estaba regalando sus enseñanzas. Me invitaron a entrar y a sentarme, pero después de echar un vistazo, preferí agradecer por la acogida y marcharme para seguir mi exploración.

Casi en frente de este edificio, encontré el primer callejón sin salida. Esta vía, tan estrecha que los coches no pueden entrar, comunica varias casas que preservan su intimidad detrás de unos altos muros.

El siguiente callejón sin salida, mucho más ancho, comunica un conjunto de edificios haussmanianos, muy homogéneos. A continuación, una pequeña calle comunica casas de una o dos plantas, con pequeños patios y vegetales. A pesar del gris de este día, el sitio tenía cierto encanto. Pero seguro que cuando llegue la primavera, se transformará en un agradable refugio.

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Luego pasé en medio de un conjunto de viviendas sociales antes de llegar a otro callejón sin salida, con sus casas bajas y su vigilante con perro. Sobra decir que no me eternicé...
Pasé al lado de la antigua estación que ahora alberga el “azar lúdico”, espacio cultural híbrido, que propone conciertos, talleres, así como comida y bebidas. A continuación, pude constatar que en la calle de los tennis, ya no hay canchas de tenis, antes de decidir que ya hora de volver a casa.
Por la tarde caminé rumbo a la dársena de la Villette en donde pude probar el barco que navega entre los dos complejos cinematográficos.

Confieso que no pasé por los Campos Elíseos para ver la amplitud de los daños causados por algunos chalecos amarillos furiosos. En cambio intento escaparme en medio día para disfrutar de los escasos rayos de sol y así el invierno me parece más fácil de aguantar.

25/11/2018

Murria

En mi residencia, tenemos un sistema colectivo de calefacción por suelo radiante que nos lleva a unos 17 grados, y quién quiere más tiene que instalar radiadores individuales. Cuando llegué aquí, siete años atrás, este sistema me pareció muy ingenioso porque permite que cada uno escoja la temperatura que le conviene sin molestar a los demás.
Desgraciadamente no consiguieron reactivar este sistema y ya llevamos varios días esperando una reparación. Varios vecinos me comentaron que les cuesta aguantar el frio y si yo tengo radiadores individuales de calidad, no compensan la avería.
Así que el pasado miércoles, aproveché un día soleado para viajar rumbo a la frontera del distrito XIII para comprar cortinas térmicas. Lo bueno es que no sólo limita las pérdidas nocturnas, sino que también ofrece un nuevo escondite a la gata. Por suerte, ella ya tiene su pelaje invernal y no sé si habrá notado algo, pero yo necesito abrigarme.

Mientras tanto, una gran parte de la semana fue dedicada a comentar el movimiento de los chalecos amarillos y su proyecto de reunirse en París. Lo cierto es que el aumento de los precios de los combustibles afecta mucho a una parte de la población que tiene salarios modestos y necesita su coche para ir al trabajo. Y esa parte se enojó porque está harta de contar cada céntimo y no entiende porque el gobierno suprimió el impuesto sobre la fortuna si se necesita dinero. Queda claro que la distancia entre esta parte de la población y los políticos se vuelve cada día más grande.

El sábado, los chalecos amarillos invadieron los Campos Elíseos y provocaron un autentico caos. Yo preferí pasear por el barrio de la Bastille, en donde los parisinos, aprovechando el “Black Friday”, daban rienda suelta a sus ansias consumistas.

Yo no tuve ganas de meterme en este torbellino.
El frio, la lluvia, el cielo gris abrumador y la sensación de vivir casi siempre de noche me dan murria. Oscilo entre mi casa (fría) y mi instituto (en plena reorganización) e intento cambiarme las ideas leyendo.
Por suerte la hija de los vecinos fabricó un bonito objeto de papel y me lo regaló para adornar mi puerta.

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¡Algo es algo!

18/11/2018

Momentos

Después de la celebración del armisticio de noviembre de 1918, tocó recordar los atentados de noviembre de 2015 y como la mayoría de los acontecimientos ocurrieron en el distrito XI, a las ocho de la mañana, cerraron el acceso al bulevar Voltaire. Por suerte mi autobús de siempre me llevó antes del cierre...
Durante la tarde, hubo un momento de emoción cuando un camión compactador de basura provocó una explosión antes de incendiarse. Sobra decir que muchos pensaron que se trataba de nuevo atentado, pero pronto resultó que sólo se trataba de un accidente.

El día siguiente, hice una larga caminata por el bulevar Voltaire, en donde quedaban varias huellas de la celebración, y me paré para mirar la modesta placa que enseña los nombres de las noventa victimas del asalto en la sala de espectáculos.
Luego me fastidió la presentación de las consecuencias, en mi modesto instituto, de la política del presidente galo.
Por suerte, por la noche, la sonrisa de Malika, tan contenta después de haber logrado instalar un programa en su computadora, pagó todos los esfuerzos de la asociación en donde doy clases de informática.

20181116.jpgEl viernes por la noche, caminé rumbo al parque de la Villette, en donde el Circo Plume había instalado su carpa. Cuatro años atrás tuve la suerte de ver el precedente espectáculo y me encantó su poesía.
Unas semanas atrás escuché un programa en la radio y descubrí que la compañía circense estaba preparando su último espectáculo para una última gira de cuatro años. En este programa, los fundadores explicaban que no querían transmitir el circo a unos continuadores porque llevaban años batallando por un precario equilibrio económico y no querían sentirse culpables de un posible fracaso. Confieso que esta manera de cerrar esta aventura de más de treinta años me impresionó y compré enseguida entradas.
Así que el pasado viernes, con gusto me instalé en la fila más alta del circo para admirar este último espectáculo.
Como en el precedente programa, los espectadores están hundidos enseguida en un universo poético por las imágenes y la música. Si no son extraordinarios, los números dejan ver años de trabajo y cuerpos que se cansan poco a poco. Después de casi dos horas de espectáculo viene la hora de la despedida, con una imagen muy conmovedora.
¡Me encantó!

Hoy quise aprovechar un agradable día soleado. Hice otro largo recorrido rumbo al bulevar des Batignolles en donde organizaban un mercadillo y por suerte no encontré muchas tentaciones.

11/11/2018

Gris

Ya llegó la temporada de los días cortos. Renuncié a mis caminatas de la madrugada e intento marcharme temprano de mi instituto para pasear al atardecer.

El martes, me encargaron que comprara una entrada para la exposición dedicada a Picasso que propone el museo de Orsay. Así que caminé rumbo al fórum des Halles en donde se halla la taquilla de la FNAC. El dependiente, muy amable, me preguntó la fecha planeada para visitar la exposición y luego me propuso varios horarios. Pedí las 13 y me anunció que tendría que presentarme con media hora de antelación. Confieso que eso me quitó las ganas de acompañar al amigo que quería ver esa exposición.

El día siguiente, empecé a visitar varias tiendas en busca de unos detalles para decorar mi casa de Borgoña. Encontré pocas cosas interesantes y me asustaron sus precios...
Así que volví a escudriñar las ofertas en un sitio de segunda mano y el sábado, a pesar de la llovizna, caminé rumbo al ayuntamiento del distrito X para comprar el pequeño banco que había reservado.
Llegué temprano así que pude pasar por el mercado Saint Martin y visitar varias tiendas de la calle du Chateau d’eau. En esta zona se ven cada día más tiendas que proponen objetos de decoración.
Entré en la “Trésorerie” (instalada en el antiguo edificio de haciendas) en donde vi perchas bastante originales. En otra tienda vi una magnífica cabeza de gacela estilizada. En ambos sitios, los precios de esos objetos no eran compatibles con mi presupuesto :-(
Total, volví al lugar de la cita y por 15 euros conseguí el banco que quería.
Luego, la maquinista de mi autobús de siempre no aceptó que subiera con mi trofeo (supuestamente peligroso en caso de accidente) así que tuve que volver a casa caminando. Esta prueba deportiva me hizo olvidar el enojo y además aprendí que la dimensión más grande de tu equipaje no puede superar 75 centímetros. Mi trofeo mide 79 centímetros...

Hoy amanecimos con lluvia, cielo gris y la celebración del armisticio de noviembre de 1918.
A las once, tocaron todas las campanas del Sagrado Corazón y poco después, vi pasar un grupo de aviones de caza encima de mi casa.
Para no perder la moral, quedé con unas amigas para compartir unos pasteles de Arnaud Larher.

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Así fue como pudimos resistir agradablemente al circo conmemorativo mientras más de mil personas manifestaban en la plaza de la República contra la presencia de Trump.

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