Caminando por París con Caol

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10/12/2017

Conmemoraciones

¡Vaya semana!

El martes, cuando desperté, estaban anunciando en la radio nacional gala el deceso del académico Jean D’Ormesson. Tenía 92 años y había publicado más de cuarenta libros...

Si no forma parte de los autores que aprecio, el hombre tenía una cultura general impresionante y era capaz de conversar acerca de cualquier tema con cortesía, humor e inteligencia. Así que no me pareció totalmente escandaloso que la radio, la televisión y la prensa dedicaran ediciones especiales al acontecimiento.
Desgraciadamente la inteligencia no es contagiosa y después de escuchar los comentarios sosos de todos los que habían encontrado al académico estaba hasta las narices de estos reportajes.

El miércoles, cuando desperté, estaban anunciando en la radio nacional gala el deceso del cantante Johnny Halliday. Tenía 74 años y a lo largo de una carrera de casi sesenta años había interpretado más de mil canciones...

Si no forma parte de los cantantes que aprecio, el hombre era un ídolo para mucha gente que se reconocía en las historias que interpretaba el rockero. Sin embargo, me asombró la cantidad de personas conmovidas por este deceso.
Sobra decir que la radio nacional gala, la televisión y la prensa olvidaron al académico para dedicar ediciones especiales al cantante. Y los periodistas entrevistaron tan a los admiradores del cantante como a los que le conocían personalmente.

Al día siguiente surgió el tema de los homenajes a los dos fallecidos. Y después de muchas vacilaciones, el gobierno anunció homenaje nacional para el académico y homenaje popular para el cantante.

Las funerales del académico se celebraron el viernes en la iglesia San Luis de los Inválidos. El homenaje nacional empezó con la “Marseillaise”, continuó con el discurso del presidente Macron y se acabó con un concierto de Mozart. Ceremonia formal con diputados, políticos y académicos, finalmente bastante discreta.

Las funerales del cantante se celebraron el sábado con procesión de moteros en los Campos Elíseos para acompañar el ataúd hasta la iglesia de la Madeleine. El presidente Macron hizo un discurso, varios artistas leyeron textos, los músicos tocaron canciones del rockero y la plebe contemplaba lo que pasaba dentro de la iglesia en las pantallas gigantes.
Dicen que un millón de personas participaron a este homenaje popular.

Y yo no entiendo como el estado galo puede gastar tanto dinero para los funerales de un exiliado fiscal, instalado en California para librarse de los impuestos.
Y me da rabia pensar que mientras tanto, al pesar del frio, queda gente durmiendo en las calles de París porque no hay dinero para alojarlos.

3/12/2017

El aerosol

La calle del evangelio forma parte del barrio encerrado entre los carriles de la estación del Este y los carriles de la estación del Norte. Ubicada en el extremo nordeste del distrito XVIII, a partir de la plaza Hebert comunica casi exclusivamente zonas de naves y su acera Este bordea un alto muro de unos quinientos metros de longitud.
Sobra decir que pasar por esta calle no es un itinerario muy agradable y menos cuando es de noche.

Detrás de este largo muro, una gran nave perteneciendo a la sociedad de ferrocarriles albergaba una empresa de materiales de construcción. Pero esta empresa se mudó y mientras se prepara algún proyecto inmobiliario, la sociedad de ferrocarriles declaró el espacio "Sito artístico temporal" y otorgó un contrato de alquiler de seis meses a un colectivo de arte urbano.

Bautizado "el aerosol", el nuevo sitio fue abierto el 2 de agosto, pero preferí esperar un poco antes de visitar este espacio y, finalmente, aproveché una tarde soleada para explorarlo.

Lo primero que se ve es la entrada del espacio Roller, en donde organizan sesiones de baile con (o sin) patines de ruedas. Cuando pasé, había una actuación de DJ así que no entré.

Luego llegas a una plataforma en donde varios camiones de comida proponen preparaciones de todas clases. En esta parte, el largo muro de la nave fue reciclado en espacio de expresión por algunos artistas callejeros y la verdad es que algunas producciones tienen chispa. En el suelo también se ven pinturas pero son mucho más efímeras ya que este espacio es de libre acceso para los visitantes.

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A continuación descubres otro espacio en donde a mano izquierda te proponen de visitar un museo del arte urbano mientras a mano derecha te venden aerosoles para que puedas expresarte.

Para visitar el museo es preciso pagar 5 euros pero merece la pena porque presentan una cantidad impresionante de obras prestadas por coleccionistas expertos.
Lo que más me asombró fue la edad de los artistas presentados: pocos treintañeros y muchos artistas nacidos antes de los años 60s. Varias cosas me gustaron mucho pero para daros una idea, escogí una obra evocando París...

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El único defecto de este espacio es el olor bastante fuerte de los aerosoles que usan los visitantes. A mi me quitó las ganas de instalarme en una de las mesas de la plataforma para tomar algo. Sin embargo pienso que merece la pena visitar este lugar.
Normalmente la experiencia se acaba el 28 de Enero de 2018. Pero es posible que continúe unos días más...

26/11/2017

Los jardines del Sur de París

Mientras pasas por zonas sin tiendas, caminar es una manera de divertirse muy económica, perfecta cuando andas justo de dinero. Y en este plan, la exploración del sendero 2024 me viene de maravilla.

A partir de la plaza de puro hormigón des Olympiades, la senda pasa por zonas ajardinadas.
El parque Beaudricourt destaca por la presencia de un arroyo. El parque Samuel Beckett proporciona un respiro al pie de las torres de la zona. El parque Joan Miro, sus desniveles y su pasarela sorprende por su diseño realmente acertado.
Luego es preciso enfrentar el caos automóvil de la puerta de Italia antes de entrar en el parque Robert Bajac y de descubrir una pandilla de pájaros verdes, una decena de cotorras de Kramer.

A continuación, la senda pasa por el parque Kellermann. Después del edículo de entrada, muy típico de los anos 30, la parte superior del parque tiene el aspecto de un jardín a la francesa. Desde el extremo sur de esta parte, uno descubre otro nivel más abajo, con un estanque circular y busca las escaleras laterales para llegar a este espacio. Luego es preciso seguir por otros caminos para llegar a la zona inferior del parque, menos cuadriculada, en donde otro estanque evoca el antiguo cauce del rio Bièvre. Desgraciadamente como esta parte bordea el periférico, el rumor del tráfico automóvil es muy perceptible.

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Al salir de este parque, la senda pasa al lado del Cementerio de Gentilly. Luego es preciso entrar en el pequeño parque Jean Claude Nicolas Forestier para llegar al estadio Charlety, muy interesante en el plan arquitectónico.

Luego dejamos el distrito XIII para entrar en el distrito XIV y la Ciudad internacional universitaria.
Nada más penetrar en este recinto, la señalización de la senda casi desaparece y es preciso improvisar a partir de las escasas indicaciones del libreto. Sin embargo, queda evidente que la Ciudad internacional es un espacio muy peculiar. Los cuarenta edificios que albergan estudiantes proporcionan contrastes arquitectónicos, así como diversidad cultural y artística. Además, el parque regala un espacio muy agradable para hacer deporte, pasear o simplemente pasar un momento.
Pensé que el recinto merecía varias visitas con enfoques diferentes y eso apunté en la larga lista de las cosas que tengo que hacer un día...

Me costó bastante encontrar por donde seguía la senda pero caminando rumbo al Oeste, encontré una de las preciosas marcas y así fue como llegué a la puerta de Orleans y abandoné la senda para volver en metro.
Continuará

19/11/2017

Explorando el sureste de París

Esta semana tocaba seguir por la senda 2024 a partir de la puerta de Charenton.
El primer tramo sigue el bulevar Poniatowski y allí estamos muy lejos de la ciudad glamurosa que celebran las oficinas de turismo. Carriles de la estación de Lyon, almacenes e instalaciones industriales de todas clases, en estas márgenes inhabitadas, el peatón es una anomalía, pero el fotógrafo puede divertirse.
Después de recorrer medio kilómetro en este universo inhospitalario, uno descubre una pasarela a mano derecha y como lleva las marcas del sendero, se atreve a abandonar el bulevar.

Este nuevo tramo bordea una zona de depósitos. Regala una bonita vista hacia la orilla izquierda del Sena y se acaba al pie del edificio privado más grande de París (350 metros de largo y 80 de ancho).
A continuación, la senda pasa por la terraza del parque de Bercy. A mano derecha, los árboles lucían sus colores otoñales, a mano izquierda la Gran biblioteca invitaba a cruzar el rio por la pasarela Simone de Beauvoir.

Abandoné el camino para entrar en la Gran biblioteca. No tenía ganas de visitar la exposición del momento o de entrar en las salas de lectura, pero con gusto recorrí las galerías que dan la vuelta del jardín interior, descubriendo, de paso, varios espacios de acceso libre regalados a los visitantes y los globos de Louis XIV.

Nada más salir, es preciso ir rumbo al Este antes de pasar al lado de las antiguas instalaciones frigoríficas de Paris que ahora albergan talleres de artistas. Desgraciadamente este sitio se puede visitar exclusivamente cuando hay jornadas puertas abiertas.
De paso admiré las fuentes Wallace de esta zona, pintadas de rosa o de amarillo y a continuación, descubrí el jardín que bordea la calle Marguerite Duras y su pasarela.

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La senda sigue zigzagueando por calles anodinas de viviendas sin tiendas. Pero se olvida esta sensación al descubrir el pequeño pasaje Bourgoin y sus casitas de otros tiempos.
Y para confirmar que París es una tierra de contraste, esta etapa de la senda acaba en la plaza des Olympiades, espacio de puro hormigón al pie de las torres de Chinatown.
Pero eso ya sería otra historia...

12/11/2017

El bosque del Este...

Seguí con la senda 2024 a partir de la Puerta Dorée.
En este punto, el museo dedicado a las zonas ultramarinas de Francia fue reformado en 2005 y ahora alberga un museo de la historia de la inmigración. Forma parte de la larga lista de los sitios que tengo que visitar, pero ese día preferí aprovechar un rayo de sol otoñal y entré en el bosque de Vincennes.

En esta parte, el lago Dausmenil y sus dos islas constituyen el principal centro de atracción.
Si quieres gastar dinero y energía puedes alquilar una barca y remar para pasear alrededor de las islas. Y si no tienes ni un duro, siempre queda la posibilidad de seguir caminando por el sendero que da la vuelta del lago.

De paso, se pueden admirar cisnes, patos y barnaclas canadienses. Y si llevas un trozo de pan, se acercan sin miedo.

Al extremo este de las islas, se puede admirar el templo de Vesta, edículo imprescindible para cualquier parque romántico. Más lejos se divisa la roca artificial del zoo.

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Luego aparece una pasarela que da acceso a las islas, pero dejé esta visita para otro día.
Seguí en busca de una pagoda construida para la exposición universal de 1931, y que ahora alberga un templo búdico, pero su recinto estaba cerrado y desde fuera el edificio no se veía bien.

En la orilla del lago, crucé muchos grupitos caminando tranquilamente para digerir el almuerzo de los domingos, pero también noté padres jugando con sus niños, dueños de perros, y propietarios de maquetas de barcos de mando remoto.
Con casi mil hectáreas, este parque tiene espacios para todos.

Yo abandoné la orilla del lago y me acerqué del espacio en donde suelen instalar la “Foire du Trône” o el circo del momento. Cuando pasé, se oía el rumor de una función circense...

Salí de este pulmón verde de la capital gala con una lista de cosas por hacer un día...
Desgraciadamente, un chubasco me quitó las ganas de seguir caminando y preferí viajar con el tranvía rumbo a la puerta de Orleans.
Continuará...

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