Caminando por París con Caol

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18/08/2019

El juego de las vacaciones

Uno de los guías conferenciante con quien ya hice varios recorridos tuvo la idea genial de organizar adivinanzas acerca de los jardines parisinos.

El proceso es sencillo: publica una foto en una red social para introducir el jardín y picar la curiosidad. Sobra decir que, con esta foto, descubrir el jardín resulta totalmente imposible.
A continuación, publica media docena de fotos con un texto que proporciona varias indicaciones acerca del jardín. Luego es preciso esperar 24 horas para conseguir unas fotos extras. Y al día siguiente anuncia el nombre del jardín, así como la lista de las personas que encontraron la solución. Y como si fuera poco, también propone una presentación del jardín con comentarios de las fotos publicadas antes.
Además, existe una pista, idéntica para todos los jardines, que simplifica la resolución de la adivinanza.

Yo vi la primera foto del primer jardín y a pesar de conocer bastante bien la capital, no tenía la más mínima idea de la solución. Así que no seguí el juego y me perdí las ocho primeras adivinanzas.
Pero resulta que, para el noveno jardín, publicó la foto de una estatua que ya había contemplado detenidamente y adivinar el nombre del jardín resultó evidente. Se trataba del Square Montholon, un pequeño parque público del distrito IX.

Entonces, esperé con curiosidad la siguiente adivinanza y apareció con una foto de palmeral al lado de un edificio muy clásico. Eso me recordó el jardín Saint-Lazare que se halla en el distrito X, relativamente cerca de la estación del Este.

El undécimo jardín me costó más reflexión porque las primeras fotos no tenían detalles significativos. Pero con la segunda serie, pude reconocer el Jardín Truillot, nuevo parque abierto entre la iglesia Saint Ambroise y el bulevar Richard Lenoir.

En aquel momento, la pista anunciada resultó totalmente evidente: el número del jardín coincidía con el número del distrito.

Así que pude identificar el jardín Debergue-Rendez-vous en el distrito XII, pasar por allí y encontrar el osito que aparecía en las fotos.

20190818.jpg

Luego descubrí el jardín de Heloise y Abelard en el distrito XIII, el jardín Auguste Renoir en el distrito XIV y el Jardín Atlántico en el distrito XV.
De momento, tengo el puesto 3 en la clasificación de los jugadores, pero espero impacientemente la próxima adivinanza para mejorar mi marca.

Y quiero agradecer a este señor que sacó varias series de fotos para organizar este juego.

11/08/2019

En medio del verano

Esta semana tocaba trasplantar una planta que tengo en mi despacho y para encontrar la maceta y los accesorios adecuados, es mejor pasar por una gran tienda de jardinería. Así fue como me encontré viajando en el autobús 325 rumbo a la gran biblioteca, atravesando el bosque de Vincennes y algunos barrios de los suburbios. En estas zonas, si no vives al lado de una estación de metro, el tema de los transportes se convierte enseguida en pesadilla. Pero cuando pasas por allí excepcionalmente, no tiene tanta importancia.

Ese día, con el tráfico reducido de las vacaciones, no se percibía el estrés de los atascos y pude contemplar tranquilamente el panorama. Las casas y los talleres desaparecen poco a poco y se ven programas de construcción de edificios de viviendas y de oficinas. Cerca del límite de París, también se ven residencias para estudiantes o para trabajadores africanos.
Yo me paré en el almacén del día y entonces todo fue cuestión de encontrar el mejor compromiso entre las tentaciones y el presupuesto.

Al salir del almacén, caminé un rato por la orilla izquierda del río rumbo al puente de Tolbiac. Desde el puente, uno tiene una bonita perspectiva hacia la gran biblioteca y también hacía los barcos instalados en la orilla, que albergan cafés y sala de conciertos.
Tras atravesar el Sena, yo seguí por la calle Joseph Kessel, agradablemente arbolada, que cruza el parque de Bercy Luego pasé por la calle de Pommard, en donde todavía se ven unos pabellones de otros tiempos, antes de seguir en autobús, rumbo a casa.

Pasé de nuevo por allí el jueves al atardecer e hice una exploración más metódica.
Esta zona fue totalmente remodelada a partir de los años 1980s. Casi todas las antiguas bodegas fueron destruidas y en el espacio liberado crearon el barrio que se ve hoy.

Casi todas las manzanas tienen una forma rectangular, con edificios rodeando un jardín central privado. En los edificios que bordean el parque se hallan los pisos de categoría. Los otros edificios albergan viviendas sociales o no, lo cual genera cierta diversidad social. Y algunos edificios, al lado de los carriles, albergan edificios de oficinas, naves e incluso una residencia social.

20190811.jpg Yo me senté un rato en la plaza de los vinos de Francia en donde ya no hay vinos sino edificios de oficinas.
Luego pasé por la “Cour Saint Emilion” en donde habían instalado una decoración muy alegre de globos multicolores.

Esta zona sigue muy concurrida porque propone tiendas de moda, cines y sitios para cenar o tomar algo. Pero todo esto me parece demasiado caro y a veces me pregunto quiénes son etas personas que veo en las terrazas y como dan abasto con estos gastos...
Así que tras visitar una de las tiendas me marché corriendo.
Seguí caminando por el paseo que domina la calle de Bercy rumbo a la estación de Lyon.

París por fin tiene este ambiente veraniego con menos gente y gente sin prisa.
¡Qué bien!

4/08/2019

Explorando tiendas

Últimos días de Julio, primeros de Agosto: algunos vuelven de vacaciones, otros se van y yo me quedo porque me gusta estar en París en este momento del año.

Yo sigo buscando una cerradura algo específica, porque une pintora que conozco me regaló un antiguo mueble fichero con persiana, que había decorado e instalado en su casa anterior. La pintura que adorna la persiana me gusta muchísimo y quiero restaurarlo correctamente. Total, visité varias ferreterías.

En la calle d’Avron, la tienda “Les forges de l’Est” siempre me llamó la atención porque propone herramientas de muy buena calidad en un barrio bastante popular. Si tuve que esperar un ratito, me atendieron muy amablemente. Expliqué lo que buscaba y como no lo tenían me indicaron la dirección de otra tienda especializada en ferretería del mueblista.

Me fui corriendo a este lugar y, después de dibujar el objeto codiciado, me regalaron otra vez una respuesta negativa. Pero el dueño, muy majo, me propuso que volviera a principios de septiembre par apuntar esta cerradura a un pedido más importante.

Seguí al azar, rumbo a una tienda que había notado en el bulevar Jules Ferry. Pero sus horarios de verano resultan incompatibles con mis horarios laborales.

El miércoles, hice otro intento por teléfono con una tienda del Faubourg Saint-Antoine que se llama “a la providence”. El señor que me contestó entendió perfectamente lo que buscaba, pero no lo tenía y me propuso una solución alternativa.

Entonces al salir de la oficina, fui al BHV cuya planta subterránea siempre fue famosa por la cantidad de piezas que proponen para reparaciones de todas clases.
Desgraciadamente, este almacén sigue buscando su identidad y después de varios experimentos más o menos acertados, ahora remodelaron la planta subterránea. Se acabó la cueva de Ali Baba y, por supuesto, no encontré la cerradura.
¡No tendré otra opción que pedirla en Internet!

Al salir del BHV seguí rumbo al Norte por el Marais. En esta parte de París, la buena vida se nota en la categoría de las tiendas y en la frecuentación de las terrazas de café.

Esta semana también pude admirar tranquilamente el oso polar que algún artista instaló encima de las rejas de ventilación del metro. Me alegró el día.

20190804.jpg

Y para bien acabar con esta semana veraniega, visité otra vez la heladería que se halla al lado de la plaza Daumesnil. Sorbete de cacao, sorbete de naranja con trocitos de corteza de naranja confitada y helado de jengibre...
¡Riquísimo!

28/07/2019

Bochorno...

Ya no necesito viajar a Madrid para vivir varios días de calor aplastante ya que se puede experimentar esta situación en París. Pero al contrario de Madrid, en donde esta situación ocurre regularmente, en París provoca enseguida un plan de vigilancia de nivel rojo, probablemente porque la gente no sabe como adaptarse al calor y también por el trauma de 2003 y de los 10000 decesos provocados por la ola de calor.

Yo tengo la suerte de trabajar en un edificio de alta calidad medioambiental refrigerado. Pero mi piso tiene dos ventanas mirando rumbo al sur y si una tiene un muy buen nivel de aislamiento, la otra es un desastre térmico y no tiene persianas. Unos meses atrás pedí presupuesto para cambiarla, pero antes de hacerlo tendré que llevar varios meses ahorrando… Entonces el lunes por la mañana hice una primera instalación, con cortinas a modo de persianas.
Al salir de la oficina, pasé por una vieja ferretería de la calle Faubourg Saint Antoine, pero no tenían la cerradura que estoy buscando.
Cuando volví a casa, al atardecer, tenía 31° en el balcón y 26° en el piso.

El martes la dicha me acompañaba: sólo quedaba una manta isotérmica en la tienda de deportes que visité, en otro almacén, sólo quedaba dos pares de sandalias incluyendo mi número y sólo quedaba una frutería abierta en el mercado de l’Olive...
Al llegar a casa los termómetros marcaban 35° en el balcón y 27° dentro.

El miércoles al amanecer, instalé la manta térmica entre la cortina y la ventana, y con gusto me fui a trabajar en mi edificio refrigerado. Pero a pesar del calor, no hice horas extras y me marché para visitar otra ferretería.
En el autobús, el maquinista nos explicó que la validadora no funcionaba por causa del calor. Y la verdad es que este viaje en autobús se parecía a una sauna.
La dicha, cansada, ya no me acompañaba y en la tienda se veía un cartelito “cierre excepcional”. Seguí rumbo a casa y con gusto constaté que a pesar de los 38° en el balcón, tenía 28° dentro. También acogí a uno de mis vecinos que necesitaba refrescarse.

Habían anunciado que el jueves sería el día más caliente de la semana, con más de 40 grados en París. Y la verdad es que, por la mañana, ya tenía 30° en el balcón. Cerré todos los elementos posibles para conservar mis 28° interior y me fui a trabajar.
Al salir de la oficina, pasar brutalmente de 25° a 40° fue algo difícil, pero pronto se reactivó el metabolismo sureño y decidí que volvería a casa caminando (son siete kilómetros).
En la calle Saint-Maur, un hombre estaba regando la acera para refrescar su tienda. No pude resistir: me acerqué y le pedí que me mojara por lo menos el pelo. El hombre compadeció y después de esta ducha inesperada, pude seguir tranquilamente, alegrándome de paso por las expresiones de la gente mirando mis prendas empapadas.
Al llegar a casa, marcaban 40° en el balcón y 29° dentro.

Esta pesadilla térmica algo agotadora se acabó el viernes, con lluvia incluida.
Finalmente, los parisinos resistieron bastante bien a esta ola de calor y yo estoy calculando un plan de ahorros para cambiar mi ventana cuanto antes.

21/07/2019

Callejeando

Aproveché un atardecer tranquilo para pasear por las callecitas que comunica el Faubourg Saint-Antoine, al acercarse de la plaza de la Bastille.

En la esquina de la Calle del Dahomey con la calle Saint-Bernard, una antigua droguería sigue proponiendo todos los productos necesarios para renovar muebles de madera, piezas de mármol o de cobre. Muchos resultan de viejas recetas, poco compatibles con las normas ecológicas actuales, pero por la calidad que permiten conseguir, no faltan los clientes.

Más adelante, en la calle de “la mano de oro”, encontré una de las pocas tiendas de cortinas y pasamanería que siguen funcionando. Luego, al acercarme al Faubourg, constaté que los talleres de los artesanos fueron transformados en locales para comer o ir de copas.

20190721.jpgQuise pasar de nuevo por la callecita descubierta 20 años atrás, al preparar un recorrido por el distrito XI. El pasaje Lhomme ahora sólo tiene un acceso a partir de la calle de Charonne ya que los nuevos inquilinos condenaron la entrada por el pasaje Josset. El patio ya no alberga artesanos, pero conservó un no sé qué de otros tiempos y una tranquilidad apreciable en este barrio.

Siguiendo por la calle de Charonne, visité varias tiendas en busca de ideas de alfombras y cortinas, pero nada me llamó la atención. Entonces pasé por el bulevar Richard Lenoir en donde constaté que ya habían derrumbado a la casa coronada por una botella. Dentro de poco su parcela formará parte del nuevo jardín que se extiende entre el bulevar Richard Lenoir y la iglesia Saint-Ambroise.

Al llegar a los bulevares Voltaire y luego Magenta, me impresionó la cantidad de grupitos de 2 a 4 personas, reunidas alrededor de un banco o de un colchón, y viviendo en la calle. Imagino que es una consecuencia de las evacuaciones repetidas de los campamentos gigantes del Norte de la Capital, que no resuelven los problemas y complican las acciones de los voluntarios que ayudan a todos estos refugiados.

Lo mejor de la semana ocurrió al tomar un café en un sitio de barrio. Comentaban los acontecimientos de la semana, listaban los fallos de los políticos y acabaron con esta frase:
“¡Tendremos que acortar a unos cuantos!”
Y al escuchar esta frase, pensé que este pueblo nunca olvida su historia y su capacidad de levantamiento :-)

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