Caminando por París con Caol

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16/02/2020

Cerca del Sena

Después de dos días de viento y lluvia, el sol apareció de nuevo el miércoles.
Ese día tenía que participar a una reunión por la tarde en el distrito XIII y fui a la cita caminando. Lo bueno de las escapadas en medio día es que te dejan ver los barrios tal como la gente los vive.

Yo pasé por la zona de la “cour Saint-Emilion”, en donde todavía quedan algunas tiendas utilitarias. Hice algunas compras antes de seguir por la alameda que domina el parque de Bercy y el Sena. Me encanta este sitio porque regala una vista muy interesante hacia el rio y la Gran biblioteca. Años atrás también permitía mirar los detalles del parque. Pero los árboles prosperaron y se perdieron las perspectivas.

Mas adelante, caminando rumbo al Oeste, la alameda bordea un espacio ajardinado en donde varias estatuas vigilan el entrenamiento de los deportistas. En este punto, también empieza la pasarela Simone de Beauvoir, que cruza el Sena rumbo a la biblioteca.

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Esta pasarela me gusta muchísimo porque tiene un extremo alto y un extremo bajo en ambas orillas y su diseño permite caminar rumbo abajo o rumbo arriba. En la mitad de la pasarela, la parte baja incluye bancos para los contemplativos que quieren admirar el rio.

Ese día una señorita me llamó la atención para decirme que estaba redactando un estudio y preguntarme porque había sacado una foto de la pasarela. Yo hablé de arquitectura 😊

A continuación, pasé al lado de la Gran biblioteca y pasé por la avenida de France en donde siguen construyendo encima de los carriles que proceden de la estación de Austerlitz. De momento resulta difícil adivinar la forma final de los edificios, pero lo bueno es que ya existen pasarelas que comunican la calle Chevaleret.

Así fue como pude pasar al lado de la “Halle Freyssinet”, antigua nave gigante para los servicios de transportes, transformada en “Station F” para albergar a los innovadores de la “startup nation”. No sé si inventaran muchas cosas en este recinto, lo cierto es que los bares y restaurantes del recinto estaban a tope de clientes.

Ayer tuvimos de nuevo un día soleado y pasé mucho tiempo en el hiper centro de París.
Para empezar, visité la tienda de bricolaje al lado de Beaubourg para arreglar una araña, pero la solución que encontré no me entusiasmó. Así que pasé por el “Bazar d’électricité”, al lado de Bastille, en donde, obviamente, tenían la pieza de repuesto que buscaba.
Luego exploré varias calles de esta parte del distrito IV y me impresionaron las obras de transformación de los antiguos edificios administrativos del Municipio, en un conjunto de viviendas, oficinas, hoteles, restaurantes conectados con su entorno. Dicen que acabaran en 2021, así que tendremos que esperar varios meses para descubrir la instalación.

¡Nunca paran las obras en esta ciudad! :-(

9/02/2020

Explorando manzanas

Dicen las noticias que el movimiento de protesta contra la reforma de las pensiones flaquea. Pero la verdad es que estamos lejos de la vuelta a la normalidad. Las plantas de incineración de basura dejaron de funcionar y en diez de los veinte distritos de París, los basureros dejaron de colectar las basuras...
Se ven amontonamientos abandonados en las aceras y todos temen las invasiones de ratas. Por suerte en mi barrio siguen colectando las basuras.

Yo aproveché unos atardeceres soleados para explorar la manzana bordeada por las calles Montgallet, Reuilly, Evrard y Charenton.

En esta zona casi cuadrada, varias calles peatonales comunican las construcciones y el pequeño jardín central. Varios edificios altos, largos y paralelos estructuran el espacio. Al pie de una de las barras se halla el pequeño jardín público, al lado de otra una escuela primaria puede acoger a los niños de la manzana. La urbanización asocia construcciones de alturas diferentes y locales para comercios en la planta baja. Mi primera visita fue al anochecer y al pasar por las calles peatonales, desiertas, de noche, pensé que sentir inseguridad debe de ser muy frecuente.

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Volví más temprano el día siguiente y pude explorar más tranquilamente las calles interiores de la manzana.
Como lo intuía, en varios sitios cualquier pandilla puede esperarte para regalarte una mala sorpresa. Pero al atardecer vi esencialmente a padres y madres esperando a sus hijos.

También visité la iglesia de la manzana, Saint Eloi. Construida a base de metal, tiene una forma de trapecio, una decoración sobria y resulta muy luminosa.
Para acabar con la visita, atravesé otra pequeña zona de locales libres entre la calle Evrard y la calle de Charenton. Tampoco me gustó la sensación.

Hoy pasé por el distrito X en donde, en medio de una manzana, se halla una iglesia dedicada a San José artesano.
Para encontrarla es preciso pasar por una galería de una veintena de metros que lleva al patio en donde se halla la iglesia construida al principio del siglo XX.

El edifico tiene una forma relativamente sencilla, pero destaca (a mi parecer) por la presencia de cinco vitrales diseñados por un artista coreano en los años 2000.

Al salir de esta visita, constaté que la tempestad anunciada ya había empezado. Mucho viento sin lluvia… ¡Me alegró el atardecer!

2/02/2020

Paseando por el distrito XVII

Esta semana no participé a la manifestación de protesta contra la reforma de las pensiones de jubilación: el proyecto ya llegó al parlamento y el gobierno organiza una conferencia de financiación. Ahora toca esperar las aclaraciones acerca de este sistema casi universal, aguantar la reducción de los salarios debida a la deducción de los días de huelga y recuperar fuerzas antes de volver a la calle.

Yo aproveché este alto el fuego para retomar mis largas caminatas parisinas, a pesar del frio y de las numerosas sesiones de llovizna.

Ayer caminé rumbo al barrio des “Epinettes”, en el distrito XVII, con la idea de explorar la calle de la Jonquière que se estira entre la estación de metro Guy Moquet y el antiguo ferrocarril que daba la vuelta a la ciudad de París.

Cerca de Guy Moquet, se nota una vida de barrio, con varias tiendas de proximidad. Los edificios son modestos, pero se ven algunas fachadas interesantes.

Más adelante, la calle de la Jonquière lleva a una zona en donde las fábricas de locomotoras del siglo XIX fueron arrasadas para construir una piscina y varios edificios de viviendas sociales, con un pequeño parque para los niños. Me asombró la calidad de estas construcciones de ladrillos rojos, separadas por una ancha calle con muchos aparcamientos.

Justo al lado, el pasaje del “pequeño ciervo” destaca por las dos esculturas de Philippe Rebuffet que decoran su esquina. Pero estas construcciones de los años 90s no tienen la calidad de sus vecinas.

La avenida de Clichy me llevó a la muy tranquila “Cité des fleurs”.
En 1847 fue cuando los propietarios de esta parcela oblonga arreglaron su organización: una callecita en el centro con tres pequeñas plazas redondas, y en ambos lados una zona de jardín separando las casas de la calle. También promulgaron reglas muy estrictas y eso explica que el sitio no cambió mucho a lo largo de los años. Hoy es un rincón muy tranquilo, a salvo del tráfico automóvil, y con horarios de acceso limitados.

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A continuación, también pasé por la calle Pouchet en donde visité la iglesia “Saint Joseph des Epinettes”.
Esta curiosa construcción de hormigón armado cubierto de ladrillos alberga un impresionante órgano del siglo XVIII. Desgraciadamente no pude escucharlo.

Luego seguí rumbo al distrito XVIII con la idea de pararme en la tienda de Arnaud Larher para comprar algún pastel. Y así fue cómo pude probar una tarta de lichis con chantilly de rosa riquísima.

Ahora sólo falta planear otros recorridos para seguir explorando los diferentes aspectos de este distrito que no cuenta muchos monumentos históricos...

26/01/2020

Retomando el ritmo de siempre

Los empleados de la sociedad de transportes parisinos (RATP) acabaron con sus reservas de dinero y volvieron a trabajar. Así que el gobierno francés considera que puede seguir adelante con sus reformas y proclama por todas partes que la protesta flaquea...

Esta visión me parece algo curiosa ya que el Consejo de estado francés acaba de publicar varias críticas mayores acerca del proyecto del gobierno. Ya veremos lo que hacen estos altos cargos, los diputados y los senadores y mientras tanto, se trata de recuperar fuerzas y de disfrutar los momentos que regala la ciudad de las luces.

Yo con gusto volví a viajar con mi autobús de siempre para ir al trabajo. Pero el viernes, también participé a la manifestación del día, cuyo trayecto pasaba por la orilla del Sena, rumbo a la plaza de la Concordia. Abandoné la marcha poco antes de llegar al puente Nuevo, pero ya llevaba casi cuatro horas esperando o caminando lentamente a pesar del frio.

Ayer visité la “Grande Halle” de la Villette en donde organizaban dos salones “hermanos”: uno dedicado a la vida natural y otro dedicado a la permacultura.


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En el primer proponían una gran variedad de productos alternativos para mejorar el bienestar. Yo noté jersey de alpaca, prendas de lino, edredones de lana, varios masajistas, bebidas dietéticas y proposiciones esotéricas de todas clases. En esta parte, la única cosa que me interesaba era una pequeña “cuchara” para limpiar orejas que me costó una decena de euros.

La zona de la permacultura me pareció mucho más interesante.

Cuando pasé, una conferencia explicaba cómo ganarse la vida con un jardín de sesenta áreas. Yo preferí mirar las esculturas de “la petite forge” o los elementos decorativos de “Jardins animés”.

Resistí a la tentación de comprar un vermicompostador de casa. Pero me dejé atrapar por el puesto de semillas bio, en donde compré cuatro bolsitas. También me paré en el puesto de las ollas de barro que sirven como sistema de riego y me marché con cinco ollas...
Así acabé con el presupuesto del día y volví a casa.

Por la noche caminamos rumbo arriba par la colina de Montmartre con un amigo, sacando fotos y comparando las imágenes.
Delante del Sagrado Corazón, al ver la cantidad de gente, pensé que el funicular funcionaba de nuevo.
En la plaza del Tertre, el frio había desanimado a los pintores y a los turistas.
En la plaza de las Abadesas, se celebraba la fiesta de la vieira...

Yo volví tranquilamente y con gusto encontré el calor de mi casa.

19/01/2020

Entreacto

El pasado lunes, ya contábamos 40 días de huelga de los transportes.
Algunas líneas de metro o de la red exprés regional volvieron a funcionar un poco y si seguimos con una gran cantidad de huelguistas, desplazarse en la región parisina resulta más fácil.
Yo dejé de viajar con el primer tren de la línea 4 para pasar por la línea 2 en donde hay menos gente.

Muchos huelguistas perdieron una parte importante de su nómina de diciembre y algunos llegaron a sus límites económicos. A pesar de todo, había mucha gente en la marcha del jueves y mucha gente en huelga.
Entre las acciones más impresionantes, toca mencionar el concierto regalado por los músicos de la Ópera desde la escalera del palacio Garnier, o los abogados que tiraron sus togas al pie de la ministra de la justicia1...
Algunos aprovecharon la manifestación para rellenar su caja de resistencia y confieso que me alegró ver la cantidad de contribuciones que consiguieron.

En mi instituto, más de setenta personas participaron a la manifestación del jueves (¡una marca!). Ya tenemos una caja de resistencia y dentro de unos días los sindicatos mandaran dinero para ayudar a las personas más perjudicadas por el movimiento.
No sé cómo acabara este profundo movimiento de protesta...

Lo que sí sé es que con gusto aproveché un sábado sin manifestación para pasear por el distrito XI.
Visitamos algunas tiendas, nos paramos en un café, cosas sencillas como la vida 😊

Hoy visité con un amigo el sitio que llaman “les grands voisins”.
Instalado en el terreno y los edificios del antiguo hospital Saint Vincent de Paul, “les grands voisins” es un conjunto que cuenta con estructuras de alojamientos de inserción, talleres de artesanos y de artistas, cafés, restaurantes y asociaciones que organizan conciertos, clases y conferencias de todos tipos, acontecimientos o fiestas.
Hoy organizaban su gran mercado mensual y aproveché la circunstancia para visitar el sitio.

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Llegué sobre las tres de la tarde y ya había mucha gente, algunas participando a una clase de danza.
Entre las cosas presentadas, noté algunos productos originales, pero pocos realmente interesantes. Casi todos los talleres estaban cerrados y las mesas exteriores del café, sucias, no daban ganas de sentarse un rato.
Hablamos con dos chicas que proponían servicios de bienestar (osteópata, masajista, dietista, ...). Confirmaron que el sitio ya tenía menos superficie que cuando empezaron y nos contaron que la aventura colectiva se acabaría en Junio...
Imagino que encontrarán otro espacio en París.

Mientras tanto, cerca del museo del Louvre, manifestaban contra la extensión de la reproducción asistida...
Yo seguí rumbo a la colina de Montmartre.

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